Érase dos veces...

En Facebook pertenezco a un grupo donde cada persona puede recomendar libros de literatura infantil y juvenil o solicitar ayuda para encontrar libros de una determinada temática. La verdad, tengo que reconocer, que este grupo es una perdición, una gran ayuda, pero una auténtica perdición. ¿Por qué? Pues porque mi listado de libros para comprar es enorme y creo que no voy a tener dinero suficiente para comprarlos todos. El problema también está en que hay algunos que quizás no quieras comprar, simplemente leer, pero que es imposible, pues en las bibliotecas (por lo menos en Salamanca) es difícil encontrarlos. Y lo siento, pero hay veces que la diferencia entre comprar un ebook y el libro en papel es tan irrisoria, que prefiero comprarlo en papel (soy de la vieja escuela, qué se le va a hacer).

Hoy os traigo la colección de libros "Érase dos veces...". Una vuelta de tuerca a los cuentos tradicionales: Caperucita Roja, Blancanieves, La Bella Durmiente, Los Tres Cerditos, La Bella y la Bestia, La Sirenita, El Patito Feo...
En esta colección, sus autores, nos presentan una serie de cuentos donde evitan el sexismo, la discriminación y fomentan la igualdad entre los sexos, la tolerancia. 

Realmente son unos libros maravillosos para trabajar con la población infantil, y no tan infantil, una serie de valores que poco a poco se están dejando de trabajar en las aulas y en casa. Nos pueden servir de herramienta tanto para madres, padres y profesorado, un soporte para explicar conceptos tan importantes para evolucionar y educar.

Os recomiendo que no dejéis escapar la oportunidad de leerlos. A mí, personalmente, de los que he leído, me gustan más unos que otros, pero todos tienen un valor excepcional para acabar con los roles de género y los estereotipos que tanto daño están haciendo en la evolución de nuestras/os pequeñas/os.

Por ejemplo, la historia de Hansel y Gretel me encantó. Sólo os diré que la bruja no es tan mala como la pintan y que el hábito no hace al monje.





Érase dos veces...

En Facebook pertenezco a un grupo donde cada persona puede recomendar libros de literatura infantil y juvenil o solicitar ayuda para encontrar libros de una determinada temática. La verdad, tengo que reconocer, que este grupo es una perdición, una gran ayuda, pero una auténtica perdición. ¿Por qué? Pues porque mi listado de libros para comprar es enorme y creo que no voy a tener dinero suficiente para comprarlos todos. El problema también está en que hay algunos que quizás no quieras comprar, simplemente leer, pero que es imposible, pues en las bibliotecas (por lo menos en Salamanca) es difícil encontrarlos. Y lo siento, pero hay veces que la diferencia entre comprar un ebook y el libro en papel es tan irrisoria, que prefiero comprarlo en papel (soy de la vieja escuela, qué se le va a hacer).

Hoy os traigo la colección de libros "Érase dos veces...". Una vuelta de tuerca a los cuentos tradicionales: Caperucita Roja, Blancanieves, La Bella Durmiente, Los Tres Cerditos, La Bella y la Bestia, La Sirenita, El Patito Feo...
En esta colección, sus autores, nos presentan una serie de cuentos donde evitan el sexismo, la discriminación y fomentan la igualdad entre los sexos, la tolerancia. 

Realmente son unos libros maravillosos para trabajar con la población infantil, y no tan infantil, una serie de valores que poco a poco se están dejando de trabajar en las aulas y en casa. Nos pueden servir de herramienta tanto para madres, padres y profesorado, un soporte para explicar conceptos tan importantes para evolucionar y educar.

Os recomiendo que no dejéis escapar la oportunidad de leerlos. A mí, personalmente, de los que he leído, me gustan más unos que otros, pero todos tienen un valor excepcional para acabar con los roles de género y los estereotipos que tanto daño están haciendo en la evolución de nuestras/os pequeñas/os.

Por ejemplo, la historia de Hansel y Gretel me encantó. Sólo os diré que la bruja no es tan mala como la pintan y que el hábito no hace al monje.





De nuevo...

De nuevo estoy por acá. Logro ir cerrando cosas que me impiden escribir como yo quiero y dedicarle el tiempo que me apetece a este blog. 

Voy dando "carpetazo" a etapas y parcelas que han hecho que esté sumida y concentrada en un par de cosas o actividades que me quitaban toda la energía y el tiempo.

Pero hoy, más calmada, aunque aún sin perder la concentración en aquello que me quita tiempo y que será un paso muy importante cuando logre cerrarlo, he decidido que es bueno retomar el blog que nos llevará a conseguir la luna, a cada uno la suya. La continuación va a la par que el inicio del curso académico, de las rutinas escolares y laborales. ¡Qué mejor momento que éste!

No ha sido un verano tranquilo. No he tenido el tiempo que me gustaría y que yo esperaba tener para leer, disfrutar del verano, de la compañía... Sí he leído, sí he vivido este verano (con mi querida Pandilla Chancleta), sí he estado en compañía pero eso no significa que lo haya disfrutado y vivido como quería, como me hubiera gustado. Todo sacrificio tiene su recompensa y la mía espero que esté a la vuelta de la esquina.

Inicio esta nueva etapa bloguera con la recomendación de un libro que me ha hecho reflexionar sobre la educación, sobre la infancia y la adolescencia y sobre lo que me gustaría hacer. Un nuevo tipo de educación es posible. Una nueva forma de enseñar materias, valores, capacidades... es posible. Sólo hay que querer mirar más allá de la burocracia, de las leyes y centrarnos más en la práctica, en las personitas que viven este presente para tener un futuro.

César Bona ha escrito un segundo libro, al cual he "hincado el diente" demasiado tarde para mi gusto. Pero se dice que "nunca es tarde si la dicha es buena". "Las escuelas que cambian el mundo" nos muestra que otro tipo de educación es posible y que funciona. 
En este libro César nos acompaña por el territorio español para abrirnos las puertas de 7 escuelas e institutos que se sitúan en diferentes ciudades o pueblos y que acogen a niñas y niños entre 3 y más de 18 años algunas de ellas.
Nos invita a sumergirnos entre esta población tan pequeña en tamaño pero grande en alma y corazón. Nos enseña que tenemos que dejar de lado lo académico para abrir paso y espacio a las emociones, sentimientos y las capacidades diferentes y válidas de cada persona; porque, si somos conscientes de la necesidad de dejar libertad, esta libertad hará que quieran saber más e investiguen, pregunten y pidan ayuda para seguir aprendiendo. 
Hay otra forma de enseñar a sumar, restar, de mostrar qué paso en España en el Siglo de Oro, en la Guerra Civil o cómo se vivía en la Antigua Grecia. Sólo tenemos que rascar, implicarnos, ilusionarnos para que esos seres pequeños se contagien y quieran más. 
Como se escribe en la contraportada del libro: "Si contamos con su participación (de las niños y los niños) en la escuela y en la sociedad y tenemos en cuenta todo su potencial, estos chicos y chicas pueden cambiar el mundo. No en un futuro, sino ahora".

¿Queremos que ese cambio se produzca? ¿Cuál es la esencia de la educación?

Os animo a que leáis este libro, reflexionéis y descubráis si el cambio es posible.

Buena lectura.

De nuevo...

De nuevo estoy por acá. Logro ir cerrando cosas que me impiden escribir como yo quiero y dedicarle el tiempo que me apetece a este blog. 

Voy dando "carpetazo" a etapas y parcelas que han hecho que esté sumida y concentrada en un par de cosas o actividades que me quitaban toda la energía y el tiempo.

Pero hoy, más calmada, aunque aún sin perder la concentración en aquello que me quita tiempo y que será un paso muy importante cuando logre cerrarlo, he decidido que es bueno retomar el blog que nos llevará a conseguir la luna, a cada uno la suya. La continuación va a la par que el inicio del curso académico, de las rutinas escolares y laborales. ¡Qué mejor momento que éste!

No ha sido un verano tranquilo. No he tenido el tiempo que me gustaría y que yo esperaba tener para leer, disfrutar del verano, de la compañía... Sí he leído, sí he vivido este verano (con mi querida Pandilla Chancleta), sí he estado en compañía pero eso no significa que lo haya disfrutado y vivido como quería, como me hubiera gustado. Todo sacrificio tiene su recompensa y la mía espero que esté a la vuelta de la esquina.

Inicio esta nueva etapa bloguera con la recomendación de un libro que me ha hecho reflexionar sobre la educación, sobre la infancia y la adolescencia y sobre lo que me gustaría hacer. Un nuevo tipo de educación es posible. Una nueva forma de enseñar materias, valores, capacidades... es posible. Sólo hay que querer mirar más allá de la burocracia, de las leyes y centrarnos más en la práctica, en las personitas que viven este presente para tener un futuro.

César Bona ha escrito un segundo libro, al cual he "hincado el diente" demasiado tarde para mi gusto. Pero se dice que "nunca es tarde si la dicha es buena". "Las escuelas que cambian el mundo" nos muestra que otro tipo de educación es posible y que funciona. 
En este libro César nos acompaña por el territorio español para abrirnos las puertas de 7 escuelas e institutos que se sitúan en diferentes ciudades o pueblos y que acogen a niñas y niños entre 3 y más de 18 años algunas de ellas.
Nos invita a sumergirnos entre esta población tan pequeña en tamaño pero grande en alma y corazón. Nos enseña que tenemos que dejar de lado lo académico para abrir paso y espacio a las emociones, sentimientos y las capacidades diferentes y válidas de cada persona; porque, si somos conscientes de la necesidad de dejar libertad, esta libertad hará que quieran saber más e investiguen, pregunten y pidan ayuda para seguir aprendiendo. 
Hay otra forma de enseñar a sumar, restar, de mostrar qué paso en España en el Siglo de Oro, en la Guerra Civil o cómo se vivía en la Antigua Grecia. Sólo tenemos que rascar, implicarnos, ilusionarnos para que esos seres pequeños se contagien y quieran más. 
Como se escribe en la contraportada del libro: "Si contamos con su participación (de las niños y los niños) en la escuela y en la sociedad y tenemos en cuenta todo su potencial, estos chicos y chicas pueden cambiar el mundo. No en un futuro, sino ahora".

¿Queremos que ese cambio se produzca? ¿Cuál es la esencia de la educación?

Os animo a que leáis este libro, reflexionéis y descubráis si el cambio es posible.

Buena lectura.

Pensando en la maternidad/paternidad...

Son las 7 de la mañana y escribo amparada por el silencio de la hora temprana, sólo interrumpida por el piar de algunos pajarillos madrugadores y de algún vehículo despistado.
Es sábado. La ciudad aún duerme. A pesar de que debería estar tecleando otra cosa, terminando un trabajo que ya tenía que haber estado finalizado, anoche empezó a cobrar vida este post en mi cabeza.


Ayer escribía a un amigo desde lo más profundo de mi corazón después de ver una foto en la que aparecía con su hija, supuestamente, "haciendo el tonto". Pero yo veía felicidad, complicidad, amor... Y le escribí para decirle que nunca perdiera eso. Que nunca perdiera los momentos de compartir con ellas y que los disfrutara al máximo.

Esto hizo que me planteara que existen personas que en ningún caso deberían ser padres, pues no son lo suficientemente maduros o no saben cómo torear y llevar la responsabilidad que ello conlleva.

Hay padres (madres y padres) que ven en sus hijas e hijos competidores y hacen que todo sea una carrera de obstáculos y una competición entre ambos.

"Es que quieres más a mamá"; "Es que prefieres irte con papá"; "Es que conmigo no pasas tiempo"; "Es que parece que no quieres estar conmigo"... 

Todo se complica más si la relación entre ambos progenitores se acaba. Pero se complica porque seguimos siendo egoístas y nos miramos nuestro propio ombligo sin darnos cuenta que estamos usando a nuestras hijas e hijos como armas para hacer daño a la otra persona. Nos olvidamos que hay seres que dependen de nosotros (madre y padre), a los que tenemos que educar, enseñar, cuidar y proteger.

Conozco padres separados que se desviven por sus pequeñas/os. Pero hay otros que siguen sin saber cómo actuar y provocan en las/os menores unos conflictos internos tremendamente importantes que se acentúan con el paso de los años.

Para adoptar tienes que pasar numerosas "pruebas" de varios tipos. Puedas estar años esperando el aprobado o, incluso, pasado un tiempo desistes porque, como leí en un artículo hace unos días, "quieres ser padre, no abuelo".

Lo cierto es que yo me planteo cómo podemos solucionar esto. ¿Una escuela de madres y padres donde sea obligatoria la asistencia? ¿Un examen psicológico para saber si serías una buena madre o padre?

La verdad es que es complicada la respuesta. Lo cierto es que no hay una solución mágica. Pero debemos pensar en el bienestar de nuestras hijas y nuestros hijos, antes que ser tan egoístas y chantajearles emocionalmente.

Pensando en la maternidad/paternidad...

Son las 7 de la mañana y escribo amparada por el silencio de la hora temprana, sólo interrumpida por el piar de algunos pajarillos madrugadores y de algún vehículo despistado.
Es sábado. La ciudad aún duerme. A pesar de que debería estar tecleando otra cosa, terminando un trabajo que ya tenía que haber estado finalizado, anoche empezó a cobrar vida este post en mi cabeza.


Ayer escribía a un amigo desde lo más profundo de mi corazón después de ver una foto en la que aparecía con su hija, supuestamente, "haciendo el tonto". Pero yo veía felicidad, complicidad, amor... Y le escribí para decirle que nunca perdiera eso. Que nunca perdiera los momentos de compartir con ellas y que los disfrutara al máximo.

Esto hizo que me planteara que existen personas que en ningún caso deberían ser padres, pues no son lo suficientemente maduros o no saben cómo torear y llevar la responsabilidad que ello conlleva.

Hay padres (madres y padres) que ven en sus hijas e hijos competidores y hacen que todo sea una carrera de obstáculos y una competición entre ambos.

"Es que quieres más a mamá"; "Es que prefieres irte con papá"; "Es que conmigo no pasas tiempo"; "Es que parece que no quieres estar conmigo"... 

Todo se complica más si la relación entre ambos progenitores se acaba. Pero se complica porque seguimos siendo egoístas y nos miramos nuestro propio ombligo sin darnos cuenta que estamos usando a nuestras hijas e hijos como armas para hacer daño a la otra persona. Nos olvidamos que hay seres que dependen de nosotros (madre y padre), a los que tenemos que educar, enseñar, cuidar y proteger.

Conozco padres separados que se desviven por sus pequeñas/os. Pero hay otros que siguen sin saber cómo actuar y provocan en las/os menores unos conflictos internos tremendamente importantes que se acentúan con el paso de los años.

Para adoptar tienes que pasar numerosas "pruebas" de varios tipos. Puedas estar años esperando el aprobado o, incluso, pasado un tiempo desistes porque, como leí en un artículo hace unos días, "quieres ser padre, no abuelo".

Lo cierto es que yo me planteo cómo podemos solucionar esto. ¿Una escuela de madres y padres donde sea obligatoria la asistencia? ¿Un examen psicológico para saber si serías una buena madre o padre?

La verdad es que es complicada la respuesta. Lo cierto es que no hay una solución mágica. Pero debemos pensar en el bienestar de nuestras hijas y nuestros hijos, antes que ser tan egoístas y chantajearles emocionalmente.

Va y viene

Lo sé. Dije que durante un tiempo no volvería a escribir, pues otros menesteres me tenían ocupado el tiempo. Pero es que no puedo. Hay miles de ideas que se aglutinan en mi mente. Textos que van tomando forma en mi cabeza y que quieren salir. Así que hoy, aquí estoy.

Ayer fue un día de sorpresas. Un día sin parar de hacer cosas hasta que me fui a dormir, ya algo agotada.

En diferentes sitios he leído reflexiones sobre las relaciones interpersonales, sobre las relaciones de amistad y las personas que van y vuelven.

La amistad es algo que valoro mucho. Bastantes personas han pasado por mi vida que me han dejado huella. Algunas continúan, pocas, también hay que decirlo, otras se fueron hace tiempo y no las echo de menos; algunas se marcharon en silencio y las recuerdo con nostalgia; otras que no están a mi lado, las sigo pensando y me pregunto "¿Qué pasó?". Hay veces que me cuesta desprenderme de los recuerdos y mi cabeza sigue funcionando buscando un motivo a la marcha. 

Lo sé, tengo que dejar de pensar tanto. Me lo dicen bastante a menudo. Quizás sea demasiado racional y necesito encontrar las causas, justificar todo para quedarme tranquila.

Una de mis reflexiones es que hay gente que es como el Guadiana: aparecen y desaparecen a su antojo. Pasan los años y siguen actuando así. Desaparecen y, cuando menos te lo esperas, vuelven a aparecer para contarte sus historias, buenas, menos buenas, regulares. Con las buenas, te alegras un montón e, incluso, puedes sentir hasta un poco de envidia, sana, por supuesto. Con las noticias menos buenas vuelas, hay veces que las sientes tan tuyas que hasta te crea angustia y desazón. Más de una vez he salido volando para acompañar a un amigo que se sentía fatal o que tenía que contarme las situaciones demoledoras que estaban pasando en su vida.
Recuerdo haber montado en un tren a las 7 de la mañana, más o menos, simplemente para estar durante unas horas con un amigo que lo estaba pasando bastante mal en ese momento.

Ayer me volvió a pasar. Una amistad "Guadiana", tras largo tiempo sin saber de ella, pues había cortado de forma discutible la relación, volvió a aparecer y me contó sus alegrías.

¡Qué extrañas somos a veces las personas! Pero que importante es tener a alguien a tu lado para acompañarte en los buenos y en los malos momentos.

Yo le doy mucha importancia a las personas, al grupo de amistades que son como la familia. También valoro la soledad, pues es necesario conocerte y pasar tiempo a solas, para ir creciendo, para saber enfrentarte a determinadas situaciones de las que sólo puede salir tú misma.

Pero ayer, en diferentes momentos del día, me di cuenta de la importancia de la gente, de tu gente. No significa que antes no fuera consciente, pero ayer, al escuchar la historia de una mujer, por ejemplo, me volvió a la mente la necesidad que tenemos de sentirnos apoyados, acompañados. No es cuestión de que tomen decisiones por nosotros/as, no se trata de estar sólo para los momentos de fiesta, de alegría. Como dice un gran amigo mío, a esos momentos cualquier persona se apunta. Consiste en estar, aunque sea en silencio, cuando más lo necesitamos. Un hombro donde apoyarnos a tomar aire, una mano amiga que nos ayude con las piedras del camino, una mirada que nos transmita fuerza, energía y esperanza, dos pies para llevarnos cuando pensemos que ya no podemos más (pero sólo un ratito).

A pesar de esto, sigo pensando que nos complicamos mucho la existencia y la vida cuando se trata de relacionarnos con otros seres humanos. Nos falta comunicación. Nos falta saber decir las cosas. Nos falta una educación en emociones, en sentimientos. Nos falta educación emocional.

Tengo que reconocer, así, en bajito, que a pesar de que muchas veces las amistades "Guadiana" me fastidien por el hecho de irse y volver, seguiré escuchando sus historias, buenas, menos buenas y las regulares también.