Recuerdas

Recuerdas aquellos veranos de mi niñez, cuando mis hermanos aún no estaban ni en proyecto, o cuando ya estando compartiendo mi vida y mi espacio, yo decía marcharme “de vacaciones” a tu casa. Metía mi ropa veraniega en mi bolsa rosa de los Osos amorosos y caminaba al lado de mis padres hasta tu casa en esas noches típicas de verano salmantinas.
Recuerdas como jugaba en tu terraza. Imaginaba que era una tendera; más bien una librera, pues montaba en el murete que separaba las dos terrazas mi tenderete lleno de libros y revistas de aquellas personas que ya no habitaban tu casa.
Recuerdas cuando bajaba a la cochera a echarle una mano a él y me dedicaba a mirar como trabajaba, martillo en una mano y cincel en la otra. Siempre terminaba con el cepillo en la mano, barriendo y poniendo un poco de orden en ese taller improvisado que le ocupaba tanto tiempo después de tener que dejar de trabajar tan joven.

¿Te acuerdas?

Recuerdas como por las noches me tapaba hasta las orejas porque empezaba a escuchar ruidos raros, usurpando la cama y la habitación de otra que fue como yo y que hacía uno años que la había abandonado.
Recuerdas cómo venías al rescate y me llevabas a tu cama, echando sigilosamente de tu lado al fabricante del arte que inundaba la casa. Noches que dormía acurrucada a tu lado mientras me enseñabas todas esas oraciones que aún hoy, ya crecidita, recuerdo.

Recuerdas… “en el monte murió Cristo. Dios y hombre verdadero…”

Recuerdas cuando el ir a comer a tu casa era toda una fiesta porque siempre me tenías preparada una sorpresa culinaria, digna de la mejor reina. Ese flan de huevo individual, esa leche frita, esa tortilla de patatas, esas croquetas, ese flan de coco…
Recuerdas ese colacao con magdalenas de la Bella Easo cortadas en cuatro y que disfrutaba como si fuese un plato del mejor chef. Realmente era un plato, cualquiera, elaborado por la mejor cocinera del mundo: tú.
Recuerdas cuando íbamos a ver los “coletes” a la explanada donde ahora han construido el parque de “la hormiga”, cuando aún se podía uno sentar en un cacho de tronco que había en el suelo.

¿Te acuerdas?

Recuerdas esos partidos de voleibol en tu terraza, donde la red que separaba los terrenos de juego era el cable de tender la ropa.
Recuerdas el “soplamocos”, los “Lunes de aguas” posteriores a nuestro viaje a El Endrinal a por los hornazos tostados por fuera y amarillos por dentro, las Navidades donde las tabletas de turrón de chocolate "Escuchar" se contaban por decenas.
Recuerdas las llamadas de Papá Noel la tarde-noche del 24 de diciembre. Las caras de alegría y sorpresa al ver los regalos que después compartiríamos. La cena plagada de ricos manjares. Los juegos hasta altas horas de la noche desmontándote la organización del salón para fabricar nuestros refugios, cabañas o camas improvisadas.

¿Te acuerdas?

Recuerdas las veces que has estado sentada a mi lado tomándome la fiebre, poniéndome paños de agua fría y bañándome porque la temperatura no bajaba.
Recuerdas la fiesta del colacao nocturno cuando no hicieron caso a tus advertencias. Las risas por lo bajo al verte enfadada (una de las poquísimas veces).
Recuerdas cuando dejaste de cuidarnos porque nos habíamos hecho mayores, pero siempre estabas atenta, poniendo una vela cuando teníamos examen o un acontecimiento importante.
Recuerdas cuando nos permitiste cuidarte porque tus fuerzas empezaban a fallar; cuando tu mirada empezaba a viajar lejos a ninguna parte, a perderse en el infinito del vacío; cuando tus manos dejaron de ser lo suficientemente firmes para amasar el queso…

¿Te acuerdas?


Ya sé que no, por eso lo estoy recordando yo. Para que así no lo olvidemos ninguna de las dos.

Negro

Inicias un viaje para desconectar. Estás rodeada de amistades. Todo parece que va a ser maravilloso: tranquilidad, paz, descanso, desconexión... 

Da igual que el otoño llegue a su fin, que el frío polar entre con fuerza por el oeste, que tengas que llevar capas y capas de ropa. Da igual. Unos días de vacaciones después de tanto tiempo trabajando duro y sin descanso. No piensas en el cinturón apretado que hace que casi no tengas cintura, en la cuesta de enero que este año se adelanta a noviembre y se prolongará hasta febrero. Necesitas un parón, a lo "kit kat", para reorganizar, si puedes, tu cabeza, tus prioridades, tus sueños, tus metas, tus deseos. Después de esos días, ya se verá. Ya se tomarán decisiones, ya retomarás las cosas con otra visión, con más fuerza, pero sin perder la calma.
El coche avanza por la carretera. Cruzas la frontera. 

El paisaje es negro. No son las nubes que se hayan teñido de negro. No. Es la naturaleza que muestra los estragos de unos sucesos que acontecieron en verano. Miras a ambos lados de la carretera y ves un solo color: negro. Casas al borde del bosque. Aún acusando el rastro de la desolación, el miedo, la angustia... Árboles doblados huyendo de las llamas y que se han quedado tal cual. Suelo negro. Casas vacías al lado de la desolación. Cables que han perdido su estabilidad en el cielo y descansan, como pueden, en el piso. Piso oculto por unas hojas de árboles que lloraron y que lloran por la desolación de la tragedia.
Te das cuenta que las noticias de los telediarios no plasmaban la realidad de lo que había acontecido. 

Negro.

Tímidamente el verde comienza a crecer en algunas zonas. Pero si miras a lo lejos, aún verás el manto negro de la tragedia. Consecuencia de lo poco que hemos cuidado a Pachamama; de lo poco generosa que ha sido la humanidad con Gaia, quien responde enfadada ante tanta desfachez, soberbia, ignorancia, prepotencia que rezuma una parte de la población.

Negro. Todo negro. Huele a humo aún después de pasados unos meses. El negro te inunda, pasando de la alegría a la desazón, de la paz, a la intranquilidad. El semblante de tu cara cambia según avanzas por la carretera y ves la desolación, la angustia, la tragedia que pudo haber sido mayor.

Negro luchando contra el verde, que tímidamente se abre camino para dar paso a la vida, a la luz.

GRACIAS. Esto ha llegado a su fin

Hace justo una semana estaba pasando el hecho más importante en mi vida académica: La defensa de la tesis.

Cuatro años de trabajo de estudio, de redacción, de investigación, de conversación, de desesperación, de desilusión, de ganas de arrojar la toalla, de... Cuatro años que llegaron a su fin, a pesar de que no estaba (ni estoy) satisfecha con el trabajo final, pero sí con lo conseguido y, sobre todo, con el último año y medio.

En este post voy a tratar de dar las GRACIAS a todas las personas que han estado ahí y que no he podido mencionar en mi tesis o en la exposición como realmente me gustaría. Había que ser políticamente correcta, en esta ocasión sí.

En primer lugar, tengo que agradecer a MIS PADRES su apoyo, en todos los sentidos imaginables y más, y compañía incondicional. En muchas ocasiones me he acordado de mi madre por animarme a iniciarme en esto del doctorado. Yo me las creía felices y que todo iba a ser muy fácil, pero la realidad fue otra totalmente diferente. Sarcásticamente le reí la gracia a la idea que había tenido mi bendita madre de que hiciera el doctorado. No veía el final, sólo obstáculos y pedruscos. Pero el final llegó.
Ver a mi padre emocionado y nervioso no tiene precio. Soy tan sensiblona como él, qué se le va a hacer, orgullo de hija. El pobrecito mío me ha visto sufrir lo indecible, viajar (ya lo veía como algo habitual), hablar de dinero (anda que no cuesta el doctorado), de problemas y encontronazos, de la alegría de haber descubierto un ángel que me enderezó el camino y me guió en los últimos tiempo.
Gracias a mi madre y a mi padre estoy donde estoy y soy como soy.
Mi HERMANA y mi HERMANO también se han mantenido en la sombra, apoyándome en silencio, comprendiendo lo que a veces era incomprensible, animándome para que no decayera y tirara la toalla, no echándome en cara el no estar cuando me han necesitado o empujándome a marchar para que desconectara de Salamanca, hija, familia y pudiera respirar para volver con más energía. Este triunfo también es suyo. Las recompensas también las recogerán ella y él.

¿Qué decir de quien se ha mantenido a mi lado en silencio y en la sombra? Amílcar es mi amigo, mi hermano, mi corrector ortográfico y mi diseñador gráfico particular. No tendré vida suficiente para agradecerle todo lo que ha hecho. Ha acudido a mi llamada a pesar del cansancio (que me ocultaba a veces), para ayudarme a maquetar, editar, diseñar... Se ha leído todo el texto buscando errores para que quedara perfecto (al final no lo hemos conseguido, pero es que la perfección no existe). Sorprendida de que fuese capaz de leer el documento ¡dos veces! No tengo palabras de agradecimiento que expresen lo que ha significado, significa y significará.
Mis estancias en Madrid, como digo en los agradecimientos de la tesis, no hubiesen sido posibles sin mis tíos. Siempre con una sonrisa, con una cama acogedora, con una predisposición para ayudar. Mi tío me ha guiado por los pasillos del Congreso de los Diputados para mostrarme los entresijos de ese edificio y a las personas que han colaborado en las entrevistas. Además, nos hemos recorrido algunos barrios de Madrid para que pudiera conocer el trabajo diario de los agentes de policía (sólo me he entrevistado con hombres, qué se le va a hacer), lo cual me ha servido para tener una visión más clara y amplia del trabajo que realiza el CNP.

Alguien quiso que en el camino me topase, casi por casualidad, con quien ha sido mi ángel de la guarda durante 1 año y medio largo. Soledad ha sido capaz de ilusionarme otra vez cuando ya había perdido la ilusión por terminar, de darme fuerzas cuando me faltaban, de darme ánimos, de ser lo suficientemente dura cuando era necesario, de tirarme de las orejas si era preciso, pero también ha sido, es y será un referente como mujer y como profesional. Creo que tampoco le agradeceré nunca todo lo que ha hecho por mí sin saberlo.

Raquel Luengo ha sido otro de los motores en este camino del Doctorado. Como he dicho, se alió, sin saberlo, con mi madre, para empujarme a iniciar este camino que concluí el lunes 27 de noviembre. En consecuencia, participó activamente en mi investigación teniendo la "suerte" y el "honor" de iniciar las entrevistas a profesionales. Porque ella es una gran profesional que se implica, que es responsable, que tiene empatía, fuerza, tacto y que trata de ayudar en la medida de sus posibilidades. Nos uníamos para arreglar el mundo, en esos momentos que teníamos de bajón individual que compartíamos, y nos íbamos para casa con otra cara y con otro espíritu.

Mis amistades más cercanas han sufrido mi lejanía y mi no disponibilidad. Mi compañera de fatigas, Teresa, no sólo ha tenido que soportar la distancia en km que nos separa, sino también mis ausencias estando en la misma ciudad, viajes no realizados para vernos y largos mensajes por Telegram contándonos las noticias más importantes que no nos podíamos decir en persona. Ahora recuperaremos el tiempo.
Mi compi chancletero, Ángel, me ha ayudado a pesar de que él también está súper liado en todo momento. El poder compartir con él momentos en nuestra Pandilla Chancleta ha hecho que no pierda la cordura. Siempre con el café dispuesto, con su cuaderno/libreta, con las risas para desestresar. Ahora estamos los dos al mismo nivel de implicación y de esto tiene que salir algo mucho mejor que hasta ahora.
Cuando te haces mayor el cuadrar horarios para poder tomar una taza de té se vuelve casi misión imposible, sobre todo cuando una de las dos partes está inmersa en la redacción de una tesis doctoral. Ainara lo sabe muy bien, pues lo sufre por partida doble: su pareja y su amiga. Ella ha estado ahí comprendiendo que los tiempos son los que son y que es mejor un par de mensajes de Telegram que el estar reprochando la escasez de tiempo. Es otra persona a la que tengo que agradecer su comprensión.
Hay quienes llegaron casi al final de este largo camino pedregoso. Juancar y Bego se reengancharon y, cada uno a su manera, me han acompañado, apoyado, empujado y soportado (lo reconozco, había momentos que había que soportarme). Pero siempre han estado ahí dispuestos a un café, a un mensaje, a un paseo...

Creo que no me dejo a nadie. Pero si es así, GRACIAS. Gracias por el cariño, la paciencia, la comprensión.

Gracias a María José, a Montse, a Marichu, a todo Generando Igualdad por cómo os portáis conmigo, porque nos tenemos que reunir para volver a hacer algo bonito y recordarnos que somos reinas. Os recuerdo que me debéis visita. Gracias por ser cómo sois, tan auténticas, tan generosas, tan cercanas y tan fuertes. Gracias por las conversaciones que intentan arreglar un mundo que está mal herido. Gracias por hacer una piña y estar. Eso es con lo que me quedo.

Este trabajo ha contribuido a que en las reuniones familiares y de amigos/as hablemos de igualdad, violencia de género, machismo, feminismo... 

La lucha continúa. Unidos/as seremos más fuertes.

Gracias
Rosa, esto va por ti. Para que te des cuenta que si se quiere y con ayuda, se puede. 

Hoy...

Hoy me he despertado con la noticia de que Jessica, la mujer de Elda, madre de un niño de 3 años, había fallecido finalmente. Su ex pareja había conseguido lo que quería: matarla. 

Hoy me he despertado contabilizando que son 44 mujeres las asesinadas por sus parejas o ex parejas en lo que llevamos de año, y aún queda mes y medio para terminar el 2017. 

He escuchado la noticia en la radio y los ojos se me han llenado de lágrimas.

De nuevo, me he vuelto a preguntar qué podemos hacer para que esto no suceda; qué medidas hay que adoptar para que estos seres no maten porque se sienten heridos en su orgullo o en no sé qué.

Hoy me da rabia todo y sé, que cuando esté ensayando la defensa de mi tesis, al llegar a un párrafo en concreto, me voy a emocionar hasta que las lágrimas se deslicen por mis mejillas.

Hoy, estoy más segura que nunca de que no podemos tirar la toalla y que tenemos que seguir luchando y educando conjuntamente, hombres y mujeres, para acabar con este problema social que está dejando a muchas niñas y niños sin madre (para mí el padre no cuenta, lo siento); los está dejando solas y solos, sin el cariño y el amor de quien les dio la vida.

Hoy estoy más convencida, a pesar de la rabia y de la ira que me come por dentro, que merece la pena confiar en ellos, porque aún hay hombres buenos (yo estoy rodeada de varios) y que ellos serán capaces de ponerse a nuestro lado, de dar discursos feministas que aboguen por la igualdad entre hombres y mujeres, de no callar cuando vean discriminaciones, agresiones o comportamientos sexistas que vayan en contra de las mujeres, ellos serán capaces de alzar la voz cuando nosotras no tengamos ganas o fuerzas y estarán a nuestro lado para empujarnos y apoyarnos cuando nuestras fuerzas flaqueen.

Hoy tengo más ganas que nunca de seguir educando, de seguir formando (y formándome), de seguir alzando mi voz para denunciar la violencia de género, las discriminaciones y las desigualdades que me rodean. 

Hoy, desgraciadamente, estoy segura de que nos queda mucho trabajo por hacer, muchas asperezas que limar, muchos argumentos que dar para que la #CifradelaVergüenza deje de existir.

44 mujeres asesinadas. 23 menores huérfanos. 7 menores asesinados.

¿Y aún hay gente que piensa que la violencia de género no debe ser cuestión de Estado? ¿Y aún hay personas que estiman que el machismo "no es para tanto"? ¿Qué el feminismo no es necesario?

Ayer me pasaban el hilo de un tweet donde un hombre enumeraba los asesinatos por violencia de género sucedidos desde 2005, comentando, al final del tweet, que no se dimensionaba igual la violencia de género que el terrorismo de ETA sufrido durante 42 años.


Los comentarios generados posteriormente no tienen desperdicio. Tanto de mujeres como de hombres.

Hoy tengo el cuerpo frío. Hoy tengo la mente que embotada. Hoy necesito un momento "kit kat" para tomar impulso y seguir.

Hoy.





Soledad

El sábado participé en la proyección del cortometraje Futilidad, el cual fue rodado en dos pueblos de Salamanca. En él se habla de dos tipos de soledad: la soledad de una mujer víctima de violencia de género y la que siente una mujer "mayor" que vive ella sola y está esperando la llegada de la muerte.
Son dos tipos de soledades que se unen por una característica común: es sufrida por una mujer. 

Una mujer asistente preguntó el motivo por el cual la soledad de la segunda mujer quedaba eclipsada por la soledad de la primera, aquella que sufre violencia de género por parte de su pareja. La verdad es que no reparé en que dejamos en un segundo plano la soledad de la mujer que espera la muerte. Yo iba como representante de Adavas Salamanca, me pidieron que hablara sobre la intervención en los casos de violencia de género y el corto lo vi con esa perspectiva. No reparé en que se le daba más importancia a una soledad que a otra.
Respondí a la pregunta de la mujer diciendo que ambas mujeres estaban unidas por la soledad, vivida desde dos puntos de vista diferentes. Pues en la violencia de género también hay soledad. ¿Por qué dos mujeres? Pues porque la mujer tiene mayor esperanza de vida que los hombres y, por ello, muchas mujeres, como se puede ver en las estadísticas, viven solas. 

Desde ese momento, el tema de la soledad volvió a mi cabeza.


Según la RAE la soledad es:
1. Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
2. Lugar desierto o tierra no habitada.
3. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.

Todo el mundo, en algún momento de su vida, ha sentido soledad. Hay quien teme a la soledad y trata de rodearse de mucha gente, de estar constantemente activo/a para no sentirse solo/a. 

Pero en muchas ocasiones no se trata, como dice la RAE, de la carencia voluntaria o involuntaria de compañía, sino de sentirse sola/o aún estando rodeada/o de personas.

En el siguiente reportaje, publicado en agosto de este año, nos hablan de la soledad de aquellas personas que tienen pareja, familia y amistades, pero que se sienten solas. Un sentimiento, desgraciadamente, cada vez más presente en nuestras vidas.


¿Qué nos está sucediendo? ¿Qué nos hace sentirnos solas/os?

En un momento social en el que estamos conectadas/os gracias a las nuevas tecnologías (redes sociales, mensajería instantánea, etc.), aumenta la sensación de soledad entre la población. 

¿Por qué sucede esto? ¿Estamos perdiendo habilidades sociales? ¿Nos estamos distanciando del resto de las personas? ¿Estamos bien con el modo de vivir que tenemos?

Pero, por otro lado, está la soledad forzosa.

La población española está envejeciendo a marchas forzadas. Estamos en un país viejo y, encima, a la población más joven la "estamos invitando" a que lo abandone, por lo tanto, la esperanza de nuevos nacimientos va en disminución. Con todas las implicaciones que esto conlleva.

Si la población mayor de 70 años cada vez es mayor y la esperanza de vida cada vez va aumentando más y más, la población que viva sola, también se incrementa. Por este motivo, se ha creado el programa "Adopta un abuelo(a)" que pone en contacto a la población joven con la no tan joven para evitar esa soledad.               https://adoptaunabuelo.org/

En Salamanca este programa ya se ha instaurado según informa la prensa local.


La soledad es nuestra fiel compañera. ¿Hay solución para esto?


Y después, ¿qué?

Y después de defender la tesis, ¿qué vas a hacer? Yo creo que es la pregunta que más veces me han hecho (junto con la de: ¿ya tienes fecha?) y que ya contesto de manera mecánica.

Aunque ya hablaré del proceso de realizar una tesis doctoral (de momento no la he acabado, así que el proceso sigue su camino), en este momento, no sólo las personas de mi entorno y conocidas me preguntan qué voy a hacer después, sino que yo también lo hago.

La lista de cosas pendientes por hacer que tengo en mi agenda va aumentando sin piedad. Me doy cuenta que en casa tengo que hacer "tal cosa" y, como me llevará mucho tiempo, lo apunto "para después de la tesis". 

Lo más importante de todo que he dejado para después de la defensa es recuperar mi vida normal en cuanto a la salud. Noto un cansancio físico y mental. El mental me repercute en el físico y parezco una abuelilla con los achaques normales de la edad. Alguien me pregunta y ya empiezo a enumerar todo aquello que yo noto que está mal en mi cuerpo. Lo dicho: una abuela (con todo el respeto del mundo). 

Creo que todas las personas que han realizado una tesis el deseo más importante que quieren cumplir cuando la acaban es tener unos días de relax. Esos días de descanso de no tener que preocuparte en cumplir plazos, en escribir, en maquetar; poder dormir más tiempo sin tener que pensar en que no se llega a la entrega, sin pensar en cortar, modificar, rehacer... El poder volver a la rutina de antes de comenzar la tesis doctoral.

Pero... y después, de después, ¿qué? 

Pues en mi caso, realmente no lo sé. Tengo que reconocer que tenía muchas expectativas puestas en la tesis, pero ahora me surgen las dudas, las inseguridades (así soy yo) y no tengo claro para qué me va a servir. No hago otra cosa que repetirme que para determinados puestos de trabajo se necesita tener el doctorado, que me abrirá otras puertas distintas a las de ahora, pero... la inseguridad está ahí, acompañada de la incertidumbre.
En realidad he podido descubrir que me gusta la investigación, que soy más rata de biblioteca (y de PC) de lo que realmente me gustaría, que me encanta la sociología y hacer estudios, pero que me falta una base firme y segura. También he podido comprobar que me gusta compartir estos conocimientos y, para ello, la docencia me encanta, pero no la tradicional, sino aquella que conlleva más trabajo para la persona docente: vídeos, lecturas, trabajos, ejemplos... En definitiva, más implicación y más compartir conocimientos y saberes. Pero también he descubierto que "sólo sé que no sé nada". Un problema a la hora de defender la investigación, pero en estos cuatro años también se me han creado inseguridades por la forma de desarrollarse todo el proceso doctoral.

¿Qué pasará después con esta humilde ratilla de biblioteca? Pues realmente no lo sé. Sólo espero que se me dé la oportunidad de cumplir mis sueños, que algo de estabilidad llegue a mi vida y que pueda continuar compartiendo mis conocimientos con todas aquellas personas que me quieran escuchar. Tengo claro que merece luchar por conseguir tus sueños, que no hay que tirar la toalla aunque las circunstancias vengan adversas. Reconozco que muchas veces yo he tenido ganas de hacerlo, y más en el último año, pero con la edad (lo dicho, abuela total) me vuelvo más cabezona y si por cabezonería acabé mis estudios universitarios, una tesis doctoral tampoco va a poder conmigo.

Ahora hay que terminar, disfrutar de ese momento, de esa paz que te tiene que envolver cuando terminas la defensa (con independencia de la nota) y disfrutar después de la compañía de tus personas cercanas que lo han sufrido a su manera, pero lo han sufrido. Cuando llegue el futuro, ya me lo plantearé.




Menos hablar y más actuar

El año pasado me quedé con ganas de participar en un Congreso que se realiza el Sevilla. De hecho, estuve viendo la posibilidad de marchar tres días, y así conocer mejor Sevilla, para participar en la parte presencial del mismo. Al final, por problemas económicos y por otros asuntos de agenda, me quedé en Salamanca.

Este año he decidido liarme a la cabeza (todo sucede cuando menos tiempo tienes, cuantas más cosas por hacer ahí y cuando tu agenda puede explotar en cualquier momento) y me he inscrito en la parte online (tuve que desistir de presentar una comunicación. El tiempo y mi cabeza no me da).

En consecuencia, soy una participante más del VIII Congreso para el estudio de la violencia contra las mujeres. Del riesgo a la prevencción. 

Llevo 3 días participando activamente (bueno, todo lo activa que me permite mi tiempo) en los foros creados. La verdad es que no doy abasto. Hay muchas líneas de discusión abiertas, mucha información que digerir, mucho que compartir.
Me estoy dando cuenta que siempre sucede lo mismo. Estoy en un congreso que, por lo que observo, mueve a mucha gente (no sé cuántas somos las personas inscritas en realidad). Hombres y mujeres (me encanta) discutiendo, hablando, conversando, compartiendo sobre algo que nos preocupa: la violencia de género, la violencia en definitiva y todo lo que la rodea y afecta. Pero somos eso, personas que ya tenemos una inquietud, que estamos sensibilizadas y que queremos cambiar la sociedad que nos rodea para que sea más igualitaria y no tengamos que lamentar asesinatos de mujeres ni de menores a manos de hombres que decían sentir algo muy fuerte hacia ellas.

En definitiva, y con esto acabo mi reflexión de hoy, ¿por qué no dejamos de hablar tanto y actuamos de verdad?







Madrid...

En cuatro años he viajado varias veces a Madrid para asistir a cursos, jornadas, solucionar asuntos de la tesis (ya escribiré sobre esto), impartir algún taller, tutorías... 


Nunca pensé que me llegase a sentir cómoda en esta ciudad. Caminar por algunas de sus calles más céntricas, orientarme al salir del metro (acompañada de mi mapa o preguntando a alguna persona perteneciente al servicio de limpieza), ir tranquilamente por el metro, como si tal cosa, guiar a personas de otros lugares tanto en la línea de metro como en la calle (¡en serio!). Me he llegado a reír de la gente que corría como una exhalación por el metro porque llegaba tarde a algún lugar y yo, tan feliz, a mi ritmo, con mi libro, mi tranquilidad y mi sonrisa boba. He llegado a ser guía de amistades que me han acompañado a Madrid. He abierto los ojos como platos para saber por dónde caminaba y quedarme con algún detalle para volver en otra ocasión. 


El Barrio de las Letras con sus pequeñas librerías; la Plaza de Callao, que no sé el motivo, pero me atrapa; el Jardín Botánico; Atocha con su Cuesta de Moyano; Plaza España con su mercado navideño (¿¿volveré este año??) y su Faborit en la esquina con Princesa; sus teatros: ¡qué risas con la Jaula de Grillos! ¡Emoción a raudales con El Rey León!; la Plaza de las Madres Descalzas con La Metralleta, parada obligatoria para descubrir nuevos cd's y vinilos de segunda mano; Malasaña; las tiendas de cómics (perdición para quien yo me sé); Tetúan y mis amigas de Generando Igualdad; el Templo de Debod; el Caixa Forum; el Reina Sofía y su arte moderno incomprensible para mí; el Parque del Retiro; las múltiples librerías y tiendas de juguetes que son una debilidad; el barrio de Vallecas tan inmenso, igual que el barrio de Moratalaz con recuerdos infantiles y una tranquilidad que me encanta... Y la compañía: familiar y de amistad. 

Nunca pensé que cada vez que fuera por unos días, me iba a costar volver a mi ciudad. También es cierto que es un momento de "desconexión", hago un "kit-kat" en mi día a día para explorar y hacer una pausa y así tomar fuerzas. Recuerdo que no hace tantos años me negaba a plantearme viajar sola en el metro, visitar la ciudad por más de un día e, incluso, barajar la posibilidad de cambiar mi residencia a la capital por motivos laborales. Ahora, es una posibilidad más que no veo tan descabellada.

En breve cerraré una etapa que me hará plantearme multitud de cosas en poco tiempo. Tengo que dejar de sobrevivir para empezar a vivir. Cerrar una ventana y abrir una enorme puerta para que entré la luz del Sol a raudales durante el día y el brillo de la Luna por la noche.

Una vez terminada esta etapa, ¿cuál será la excusa para volver?

Érase dos veces...

En Facebook pertenezco a un grupo donde cada persona puede recomendar libros de literatura infantil y juvenil o solicitar ayuda para encontrar libros de una determinada temática. La verdad, tengo que reconocer, que este grupo es una perdición, una gran ayuda, pero una auténtica perdición. ¿Por qué? Pues porque mi listado de libros para comprar es enorme y creo que no voy a tener dinero suficiente para comprarlos todos. El problema también está en que hay algunos que quizás no quieras comprar, simplemente leer, pero que es imposible, pues en las bibliotecas (por lo menos en Salamanca) es difícil encontrarlos. Y lo siento, pero hay veces que la diferencia entre comprar un ebook y el libro en papel es tan irrisoria, que prefiero comprarlo en papel (soy de la vieja escuela, qué se le va a hacer).

Hoy os traigo la colección de libros "Érase dos veces...". Una vuelta de tuerca a los cuentos tradicionales: Caperucita Roja, Blancanieves, La Bella Durmiente, Los Tres Cerditos, La Bella y la Bestia, La Sirenita, El Patito Feo...
En esta colección, sus autores, nos presentan una serie de cuentos donde evitan el sexismo, la discriminación y fomentan la igualdad entre los sexos, la tolerancia. 

Realmente son unos libros maravillosos para trabajar con la población infantil, y no tan infantil, una serie de valores que poco a poco se están dejando de trabajar en las aulas y en casa. Nos pueden servir de herramienta tanto para madres, padres y profesorado, un soporte para explicar conceptos tan importantes para evolucionar y educar.

Os recomiendo que no dejéis escapar la oportunidad de leerlos. A mí, personalmente, de los que he leído, me gustan más unos que otros, pero todos tienen un valor excepcional para acabar con los roles de género y los estereotipos que tanto daño están haciendo en la evolución de nuestras/os pequeñas/os.

Por ejemplo, la historia de Hansel y Gretel me encantó. Sólo os diré que la bruja no es tan mala como la pintan y que el hábito no hace al monje.





De nuevo...

De nuevo estoy por acá. Logro ir cerrando cosas que me impiden escribir como yo quiero y dedicarle el tiempo que me apetece a este blog. 

Voy dando "carpetazo" a etapas y parcelas que han hecho que esté sumida y concentrada en un par de cosas o actividades que me quitaban toda la energía y el tiempo.

Pero hoy, más calmada, aunque aún sin perder la concentración en aquello que me quita tiempo y que será un paso muy importante cuando logre cerrarlo, he decidido que es bueno retomar el blog que nos llevará a conseguir la luna, a cada uno la suya. La continuación va a la par que el inicio del curso académico, de las rutinas escolares y laborales. ¡Qué mejor momento que éste!

No ha sido un verano tranquilo. No he tenido el tiempo que me gustaría y que yo esperaba tener para leer, disfrutar del verano, de la compañía... Sí he leído, sí he vivido este verano (con mi querida Pandilla Chancleta), sí he estado en compañía pero eso no significa que lo haya disfrutado y vivido como quería, como me hubiera gustado. Todo sacrificio tiene su recompensa y la mía espero que esté a la vuelta de la esquina.

Inicio esta nueva etapa bloguera con la recomendación de un libro que me ha hecho reflexionar sobre la educación, sobre la infancia y la adolescencia y sobre lo que me gustaría hacer. Un nuevo tipo de educación es posible. Una nueva forma de enseñar materias, valores, capacidades... es posible. Sólo hay que querer mirar más allá de la burocracia, de las leyes y centrarnos más en la práctica, en las personitas que viven este presente para tener un futuro.

César Bona ha escrito un segundo libro, al cual he "hincado el diente" demasiado tarde para mi gusto. Pero se dice que "nunca es tarde si la dicha es buena". "Las escuelas que cambian el mundo" nos muestra que otro tipo de educación es posible y que funciona. 
En este libro César nos acompaña por el territorio español para abrirnos las puertas de 7 escuelas e institutos que se sitúan en diferentes ciudades o pueblos y que acogen a niñas y niños entre 3 y más de 18 años algunas de ellas.
Nos invita a sumergirnos entre esta población tan pequeña en tamaño pero grande en alma y corazón. Nos enseña que tenemos que dejar de lado lo académico para abrir paso y espacio a las emociones, sentimientos y las capacidades diferentes y válidas de cada persona; porque, si somos conscientes de la necesidad de dejar libertad, esta libertad hará que quieran saber más e investiguen, pregunten y pidan ayuda para seguir aprendiendo. 
Hay otra forma de enseñar a sumar, restar, de mostrar qué paso en España en el Siglo de Oro, en la Guerra Civil o cómo se vivía en la Antigua Grecia. Sólo tenemos que rascar, implicarnos, ilusionarnos para que esos seres pequeños se contagien y quieran más. 
Como se escribe en la contraportada del libro: "Si contamos con su participación (de las niños y los niños) en la escuela y en la sociedad y tenemos en cuenta todo su potencial, estos chicos y chicas pueden cambiar el mundo. No en un futuro, sino ahora".

¿Queremos que ese cambio se produzca? ¿Cuál es la esencia de la educación?

Os animo a que leáis este libro, reflexionéis y descubráis si el cambio es posible.

Buena lectura.

Pensando en la maternidad/paternidad...

Son las 7 de la mañana y escribo amparada por el silencio de la hora temprana, sólo interrumpida por el piar de algunos pajarillos madrugadores y de algún vehículo despistado.
Es sábado. La ciudad aún duerme. A pesar de que debería estar tecleando otra cosa, terminando un trabajo que ya tenía que haber estado finalizado, anoche empezó a cobrar vida este post en mi cabeza.


Ayer escribía a un amigo desde lo más profundo de mi corazón después de ver una foto en la que aparecía con su hija, supuestamente, "haciendo el tonto". Pero yo veía felicidad, complicidad, amor... Y le escribí para decirle que nunca perdiera eso. Que nunca perdiera los momentos de compartir con ellas y que los disfrutara al máximo.

Esto hizo que me planteara que existen personas que en ningún caso deberían ser padres, pues no son lo suficientemente maduros o no saben cómo torear y llevar la responsabilidad que ello conlleva.

Hay padres (madres y padres) que ven en sus hijas e hijos competidores y hacen que todo sea una carrera de obstáculos y una competición entre ambos.

"Es que quieres más a mamá"; "Es que prefieres irte con papá"; "Es que conmigo no pasas tiempo"; "Es que parece que no quieres estar conmigo"... 

Todo se complica más si la relación entre ambos progenitores se acaba. Pero se complica porque seguimos siendo egoístas y nos miramos nuestro propio ombligo sin darnos cuenta que estamos usando a nuestras hijas e hijos como armas para hacer daño a la otra persona. Nos olvidamos que hay seres que dependen de nosotros (madre y padre), a los que tenemos que educar, enseñar, cuidar y proteger.

Conozco padres separados que se desviven por sus pequeñas/os. Pero hay otros que siguen sin saber cómo actuar y provocan en las/os menores unos conflictos internos tremendamente importantes que se acentúan con el paso de los años.

Para adoptar tienes que pasar numerosas "pruebas" de varios tipos. Puedas estar años esperando el aprobado o, incluso, pasado un tiempo desistes porque, como leí en un artículo hace unos días, "quieres ser padre, no abuelo".

Lo cierto es que yo me planteo cómo podemos solucionar esto. ¿Una escuela de madres y padres donde sea obligatoria la asistencia? ¿Un examen psicológico para saber si serías una buena madre o padre?

La verdad es que es complicada la respuesta. Lo cierto es que no hay una solución mágica. Pero debemos pensar en el bienestar de nuestras hijas y nuestros hijos, antes que ser tan egoístas y chantajearles emocionalmente.

Va y viene

Lo sé. Dije que durante un tiempo no volvería a escribir, pues otros menesteres me tenían ocupado el tiempo. Pero es que no puedo. Hay miles de ideas que se aglutinan en mi mente. Textos que van tomando forma en mi cabeza y que quieren salir. Así que hoy, aquí estoy.

Ayer fue un día de sorpresas. Un día sin parar de hacer cosas hasta que me fui a dormir, ya algo agotada.

En diferentes sitios he leído reflexiones sobre las relaciones interpersonales, sobre las relaciones de amistad y las personas que van y vuelven.

La amistad es algo que valoro mucho. Bastantes personas han pasado por mi vida que me han dejado huella. Algunas continúan, pocas, también hay que decirlo, otras se fueron hace tiempo y no las echo de menos; algunas se marcharon en silencio y las recuerdo con nostalgia; otras que no están a mi lado, las sigo pensando y me pregunto "¿Qué pasó?". Hay veces que me cuesta desprenderme de los recuerdos y mi cabeza sigue funcionando buscando un motivo a la marcha. 

Lo sé, tengo que dejar de pensar tanto. Me lo dicen bastante a menudo. Quizás sea demasiado racional y necesito encontrar las causas, justificar todo para quedarme tranquila.

Una de mis reflexiones es que hay gente que es como el Guadiana: aparecen y desaparecen a su antojo. Pasan los años y siguen actuando así. Desaparecen y, cuando menos te lo esperas, vuelven a aparecer para contarte sus historias, buenas, menos buenas, regulares. Con las buenas, te alegras un montón e, incluso, puedes sentir hasta un poco de envidia, sana, por supuesto. Con las noticias menos buenas vuelas, hay veces que las sientes tan tuyas que hasta te crea angustia y desazón. Más de una vez he salido volando para acompañar a un amigo que se sentía fatal o que tenía que contarme las situaciones demoledoras que estaban pasando en su vida.
Recuerdo haber montado en un tren a las 7 de la mañana, más o menos, simplemente para estar durante unas horas con un amigo que lo estaba pasando bastante mal en ese momento.

Ayer me volvió a pasar. Una amistad "Guadiana", tras largo tiempo sin saber de ella, pues había cortado de forma discutible la relación, volvió a aparecer y me contó sus alegrías.

¡Qué extrañas somos a veces las personas! Pero que importante es tener a alguien a tu lado para acompañarte en los buenos y en los malos momentos.

Yo le doy mucha importancia a las personas, al grupo de amistades que son como la familia. También valoro la soledad, pues es necesario conocerte y pasar tiempo a solas, para ir creciendo, para saber enfrentarte a determinadas situaciones de las que sólo puede salir tú misma.

Pero ayer, en diferentes momentos del día, me di cuenta de la importancia de la gente, de tu gente. No significa que antes no fuera consciente, pero ayer, al escuchar la historia de una mujer, por ejemplo, me volvió a la mente la necesidad que tenemos de sentirnos apoyados, acompañados. No es cuestión de que tomen decisiones por nosotros/as, no se trata de estar sólo para los momentos de fiesta, de alegría. Como dice un gran amigo mío, a esos momentos cualquier persona se apunta. Consiste en estar, aunque sea en silencio, cuando más lo necesitamos. Un hombro donde apoyarnos a tomar aire, una mano amiga que nos ayude con las piedras del camino, una mirada que nos transmita fuerza, energía y esperanza, dos pies para llevarnos cuando pensemos que ya no podemos más (pero sólo un ratito).

A pesar de esto, sigo pensando que nos complicamos mucho la existencia y la vida cuando se trata de relacionarnos con otros seres humanos. Nos falta comunicación. Nos falta saber decir las cosas. Nos falta una educación en emociones, en sentimientos. Nos falta educación emocional.

Tengo que reconocer, así, en bajito, que a pesar de que muchas veces las amistades "Guadiana" me fastidien por el hecho de irse y volver, seguiré escuchando sus historias, buenas, menos buenas y las regulares también.





Lo que queda por hacer

Hace días que no escribo, lo sé. Pero eso no significa que no haya pensado en un tema o que no haya sentido la necesidad de sentarme delante del PC y hacerlo. Lo que pasa es que no quiero escribir "a lo loco", deprisa. Quiero hacerlo de forma pausada y meditada.

De antemano digo que voy a estar unos meses apartada de la blogosfera, concentrada en escribir y rematar esa #malditatesis que me tiene sorbido el coco y la energía. Durante el tiempo que esté "apartada", me dedicará (o al menos lo intentaré) a recordar post escritos al comienzo de esta andadura por la escritura en la red.

A pesar de que la tesis es mi trabajo actual, sigo impartiendo talleres en centros educativos con Adavas Salamanca. Es un trabajo, no remunerado, que me llena mucho y que hace que en cada sesión aprenda un poquito más de la población infantil y juvenil. Este año el reto era hablar de igualdad y violencia en todas las etapas de primaria en un colegio. Reto bastante complicado, pero creo que no está saliendo mal, la verdad.

La educación, la docencia es otro campo que he aprendido a querer y que me gusta, lo he descubierto en estos años de colaboración con Adavas. De hecho, a parte de pensar, muchísima gente, que soy psicóloga, alguien me dijo que pensaba que mi tesis versaba sobre la violencia de género y los/as adolescentes. No es así. Pero dadme tiempo y algún artículo escribiré sobre ello más adelante :-)

Conjugar educación y violencia de género es difícil, a pesar de que, como hemos leído hace unos días, ciertos políticos (más bien políticas) hablen de la importancia de educar para erradicar el machismo que reina en la sociedad. Pero para educar, fuera de la familia, se necesitan personas cualificadas, sensibilizadas y formadas para impartir esa educación. Pero también se necesita tiempo para hacerlo y, perdonadme, un presupuesto; pues, como comentaron en Twitter, el trabajo no se paga con abrazos.

Hace unas semanas me llegó la información de que desde el Consejo General del Poder Judicial se impartía una jornada formativa, organizada por la asociación de mujeres juristas españolas, sobre el abordaje de la violencia de género desde la educación. Me pareció interesante el título de la jornada, pero la verdad es que era un poco escéptica, pues de las 5 ponencias que anunciaban, 3 eran impartidas por personas pertenecientes al ámbito judicial. Pero como uno de mis lemas es que el saber no ocupa lugar, hice triquiñuelas para encajar mi agenda y poder estar en Madrid para esta jornada. 
De ella salí reforzada en mi empeño de aportar mi granito de arena en la lucha por lograr la igualdad de hombres y mujeres y de erradicar la violencia de género. ¿Cómo? Pues a través de los talleres y charlas en los centros educativos. 
Lo cierto es que no me dieron estrategias nuevas, no me hablaron de vías o herramientas eficaces, pero la palabra que se repetía en cada intervención era la de educación
Miguel Lorente Acosta participaba en esta jornada. Su exposición me pareció estupenda, como siempre. Pero quien me cautivó fue un hombre de 80 años, abogado y periodista, que tiene una vitalidad que ya quisiera yo para mí y que sigue apostando, luchando y explicando que la igualdad es posible y que hay que trabajar con la población juvenil. José Antonio Burriel es el creador de http://nomasvg.com/tag/adolescentes-sin-violencia-de-genero/, teniendo también perfil en facebook. 
Hace pocas semanas presentaron la aplicación Ygualex, que es una aplicación pensada para la población adolescente, pero no sólo para ella, donde puedas encontrar información sobre la violencia de género, pero también puedes compartir tus inquietudes, dudas y mensajes.

Ya os digo que no fue una jornada, para mí, donde me descubrieran el mundo, pero sí resulto interesante simplemente por escuchar a este hombre.
También me sirvió para conocer la otra cara de la moneda. Me explico. Se "colaron" 3 ó 4 hombres que pretendían tirar por tierra todo lo que allí se estaba hablando aportando datos falsos, manipulados y vendiendo que "los hombres son unos pobres" y que el feminismo no es esto de lo que se hablaba. Mis compañeras y compañeros los llamaron "trolls": seres que quieren boicotear y hacer pasar un mal rato a aquellas personas que, con respeto, tolerancia y educación, estábamos allí para intercambiar impresiones y aprender de las experiencias de otras personas.
Una jueza les dijo que si estuvieran en su sala, ya les habría mandado salir sin demora.

A pesar de todo este alboroto, salí contenta y satisfecha. Salí reafirmada en que la labor que hago es necesaria e importante y que no voy a bajar la guardia, ni voy a dejar de pelear por culpa de 4 personas que quieran seguir viviendo en su estado de bienestar egoísta.

Voy a seguir trabajando para que, poco a poco, los roles se vayan cambiando y no tenga que ver anuncios como éste:


Voy a seguir adelante, pues pienso que una nueva sociedad es posible. En algún instituto me han llegado a decir que para qué sirve esto si luego en casa tienen otro discurso totalmente distinto. Pues sí sirve. Porque la población joven tendrá las herramientas adecuadas y los argumentos para decir en casa, o donde sea, que no está de acuerdo y podrán empezar a cambiarlo. Quizás en su casa no, pero sí en su entorno de amistades.

Yo lo veo a mi alrededor. Tengo que reconocer que, hace unos años, yo no era consciente ni del machismo ni de la violencia de la que éramos objeto las mujeres únicamente, por ser mujer. Pero ahora, veo como yo he cambiado y, a mi alrededor, "mis hombres" son conscientes de las desigualdades y del machismo que es tan perjudicial para el hombre como para la mujer.
Tengo amigos que me "saturan" el móvil con imágenes, noticias que hablan de las discriminaciones, los roles de género, me recomiendan libros, novelas gráficas... tengo conversaciones con personas que se empiezan a plantear todas estas cosas a pesar de su edad madura. Conozco a profesores que se involucran tanto en los talleres que imparto que les parece poco y piden más.

Algo está cambiando. Pero aún queda mucho por recorrer. Queda mucho sendero porque, en mi opinión, desde lo más alto de la sociedad (gobierno, partidos políticos, administraciones públicas) creo que no se lo toman tan en serio. Aún se siguen identificando a las mujeres con las tareas domésticas, con las tareas del cuidado. Aquellos que gritan que son tan feministas, ¡cuidado!

Tenemos que tener claros los conceptos. El machismo es perjudicial para hombres y mujeres. El machismo está asesinando a muchas mujeres, está dejando huérfanos y huérfanas, está impidiendo que las empresas tengan a mujeres válidas en puestos de responsabilidad, está haciendo que las personas elijan entre tener familia o trabajar, pues, en muchas ocasiones, ambas cosas son incompatibles, está haciendo que los hombres tengan que demostrar su hombría (¿qué es eso?) a cada momento dejando de lado sus sentimientos porque un hombre no los tiene...

Debemos ponernos las gafas de color violeta e identificar todas esas situaciones que nos hacen retroceder.

Yo sigo con mi lucha. Pero no tan sola como antes, lo sé. No me oirán desde los altos estamentos, pero yo trato de concienciar a la base, para que sean conscientes de que lo importante son las personas, dando igual el sexo que tengan y que no hay cosas de chicas ni cosas de chicos, sino que en el mundo viven personas con capacidades diferentes y complementarias. Sigo luchando, como feminista, para erradicar todos los casos de acoso, violencia y abuso de las que somos protagonistas, involuntariamente, las mujeres. 

Yo soy una hormiguita.