Mujeres relevantes del feminismo: Soledad Murillo de la Vega

Según la wikipedia: Soledad Murillo de la Vega nace en Madrid el 21 de abril de 1956. Es socióloga feminista, a parte de investigadora y política. 

Desde el 9 de junio de 2018 hasta el 15 de enero de 2020 fue Secretaria de Estado de Igualdad en el gobierno español de Pedro Sánchez. De 2004 a 2008 fue secretaria general de Políticas de Igualdad del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España, ocupando el primer cargo político en materia de Igualdad en el gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero. De 2009 a 2013 formó parte del Comité CEDAW (Comité Antidiscriminación de la Mujer) de Naciones Unidas y de 2011 a 2015 fue concejala del Ayuntamiento de Salamanca por el Partido Socialista Obrero Español.

Es doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y profesora titular de la Departamento de Sociología y Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Salamanca donde promovió en 1998 el seminario de estudios de la Mujer e impulsó el primer doctorado de Género. En sus investigaciones como socióloga destacan sus trabajos sobre el análisis del tiempo de hombre y mujeres en cuanto a las tensiones que genera compatibilizar mercado de trabajo con vida familiar, analizando por qué es un problema femenino y no masculino dicha conciliación y la investigación sobre el asociacionismo en las organizaciones de mujeres.

En diversas publicaciones denuncia la devaluación social del ámbito privado y doméstico pese a la cantidad de horas invertidas a la producción de bienes y servicios del hogar, así como a los cuidados de personas dependientes, que además exige la existencia de un sujeto responsable de su organización, generalmente una mujer. También la falta de privacidad y de "tiempo propio" de las mujeres que dedican la mayor parte de su tiempo a obligaciones familiares y de cuidado de las personas de su entorno.

En 2003 dirigió el estudio Ciudadanía activa: las Asociaciones de Mujeres en España, con la participación de 807 asociaciones de mujeres en el que se plantean las claves para avanzar hacia el diálogo civil entre los poderes públicos y las asociaciones que dan cuerpo a los movimientos sociales e identifica las debilidades y los retos de las propias asociaciones. En el mismo denuncia cómo los grupos de mujeres perciben el trato discriminatorio a que les someten los poderes públicos y como resultado consideran que es habitual que los partidos políticos no reconozcan los logros conseguidos por muy importantes que hayan sido o que hayan ayudado a crear bienestar social.


Pero Soledad Murillo de la Vega, en mi opinión, es mucho más. Es una mujer brillante, luchadora, inteligente, responsable y dedicada en cuerpo y alma a lo que le gusta y en lo que cree.

Para mí ha sido mi guía académica en los momentos más difíciles. Una inmensa mujer que ha hecho mucho por el feminismo en España y por los derechos de las mujeres.

Diario de una pandemia VI

Nos han levantado el estado de alarma, pero eso no significa que no tengamos que seguir con las precauciones y con una oreja levantada, como hacen nuestros amigos caninos. Siempre alerta. Sin bajar la guardia. El peligro no ha pasado, no lo debemos olvidar.

Crisis sanitaria, crisis social, crisis económica... 

Crisis, crisis, crisis...

En el mes de mayo hice un par de directos en dos redes sociales: instagram y facebook live, para presentar mi libro "Revictimizadas: migrantes y víctimas de violencia de género", ya que las dos presentaciones que tenía programadas con fecha, hora y lugar, en el mes de abril, tuvieron que ser suspendidas/pospuestas. 
Mis primeros directos. Nervios a flor de piel. La verdad es que, para no ser una influencer, tuve bastantes personas siguiendo mi "discurso". No sólo familiares y amistades. Tontxu se conectó a Instagram y yo me emocioné muchísimo, por ejemplo.

Estos dos directos, para ser sincera, se le ocurrieron a mi fisioterapeuta. Menuda lianta y yo que me dejo liar.
 
Pero no sólo hablé de mi libro, el cual podéis adquirir poniéndoos en contacto conmigo directamente, sino que hablé de la violencia de género en general.

Durante esos dos directos creo que fui tajante al decir que, pasado el estado de alarma y el confinamiento forzoso, los casos de violencia de género iban a aflorar como los champiñones tras las lluvia. Esto también lo corroboró Gregorio, el vicepresidente de la asociación ALMA de Badajoz.

Los datos son los siguientes y hablan por sí solos:

Las llamadas al 016 durante el confinamiento han aumentado en más de un 40%, según los datos aparecidos en la página de La Moncloa y la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.

Por otro lado, las consultas realizadas al mismo número, han ascendido en más de un 400%.
Durante el 2020, 21 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas. Elevando el número de asesinatos por violencia machista, desde el 2013, a 1054 mujeres. Durante este año, 3 menores han sido asesinados. 

¿Seguimos enumerando?

Personalmente, sin estar trabajando para ninguna Administración Pública ni para ninguna entidad sin ánimo de lucro que se dedique a la violencia de género y/o violencia sexual, he atendido dos llamadas relacionadas con la violencia de género en Salamanca, mi ciudad.

En ambas llamadas, la víctima directamente o una amiga en nombre de la víctima, solicitaban ayuda e información, ya que la persona letrada asignada por el turno de oficio correspondiente no era nada clara ni halagüeña con el resultado final del juicio rápido. 

Información y ayuda porque durante este confinamiento las cosas se han ralentizado mucho más y aún se sigue dando una información que no es suficiente para las víctimas, junto con una ayuda escasa.

- ¿Qué me va a pasar? 
- ¿Qué va a pasar con mis hijos? 
- No me deja entrar en casa, ¿qué hago? 
- No tengo ingresos, ¿cómo voy a mantener a mis hijos? 
- Si no gano el juicio, él volverá a casa. Me va a dejar sin nada.
- Quiere la custodia compartida, pero a su manera. Me va a hacer la vida imposible.

Comentarios como éstos son los que he escuchado en las conversaciones telefónicas mantenidas. 

Mi ayuda ha consistido en escuchar, aconsejar y derivar a Adavas Salamanca, donde recibirán una atención integral y multidisciplinar. Las orientarán en todo lo que necesiten a nivel jurídico y social y recibirán ayuda psicológica si lo precisan y solicitan.

Pero, al igual que pienso que tendremos otro rebrote del COVID-19, también considero que lo peor en relación con la violencia de género está por venir. Ya lo he dicho, tenemos que estar preparadas como sociedad y echar una mano. Dejar las habladurías y cotilleos propios de los pueblos (se siguen produciendo, lo sé a ciencia cierta) y arrimar el hombro para señalar a los culpables de los maltratos y las agresiones.

Para acabar con la violencia de género, que SÍ existe, por mucho que haya personas que lo nieguen, tenemos que asumir nuestra responsabilidad. 
Porque se trata de una violencia que se sustenta en el género, el cual, a su vez, se basa en las diferencias creadas por por pertenecer a un sexo concreto. Y la sufrimos las mujeres, todas nosotras, por ser mujeres. Sin más.

Campaña creada por el Instituto Canario de la Mujer





Diario de una pandemia V

Desde la ventana, he observado la arboleda que hace bastantes años, cuando era una niña, recorría corriendo y buscando la ventana desde la cual se asomaba mi abuelito y nos saludaba.

Eso sucedía los fines de semana. Entre semana teníamos colegio y no podíamos venir a verlo a distancia.

Lo tomábamos como una excursión. Si no me falla la memoria, mi primo de Madrid también estaba y nos entreteníamos corriendo entre los árboles, saludando al abuelito con la mano, mientras los mayores (su hija y sus hijos) lo visitaban.

Nosotros éramos pequeños, y las niñas y los niños no pueden entrar en los hospitales si están sanos.

Ahora, en este 2020 que todo el mundo queremos olvidar, las tornas han cambiado. Ya no soy pequeña, ya me dejan subir al hospital aunque no esté enferma.

Ahora me toca cuidar. Y, aunque duela, lo hago con gusto.

Ahora soy yo la que da de comer, la que está en duermevela por las noches pendiente de la respiración de otra persona, la que dice palabras cariñosas para que lleguen al alma, porque el corazón está flojo y el oído está bastante duro.

Ahora soy yo la que está pendiente para que el sufrimiento no juegue una mala pasada.

Ahora, en muchas ocasiones, odio ser persona adulta y tener responsabilidades no elegidas, pero que llegan sin evitarlo.

Es un 2020 que pasará a la historia, no por los grandes hechos, todos positivos, sino porque deja lo peor de lo peor. Pero, además, creo que a pocas personas les ha enseñado la importancia de determinados valores que son necesarios para la supervivencia, el bienestar…

Un año 2020 con una pandemia mundial, con grandes pérdidas culturares en España y a nivel personal… Queríamos que el 2019 terminara. Pues el 2020 no está siendo mejor, al contrario.

Ojalá se pudiera resetear, como si fuera un ordenador. Pero no se puede. Así que hay que apechugar, sacar pecho y tirar para adelante. De todo se aprende. Espero que todas las personas hayan o estén aprendiendo algo. Me cuesta no confiar en el ser humano.

Antonio Vega: "El sitio de mi recreo".

https://www.youtube.com/watch?v=KgjfPcjWkyg

 



Diario de una pandemia IV

Parece que pasar de fase es como aprobar un examen muy importante. O como si nos diese derecho a obtener una plaza de trabajo para un puesto fijo importante.

Creo que se nos olvida que el puesto importante que nos jugamos es nuestra propia vida, nuestra propia seguridad; pero, a la vez, la vida y la seguridad de todas las personas de nuestro entorno, de nuestra ciudad, de nuestro país...

Hemos escuchado (o leído en mi caso) verdaderas barbaridades para luchar o combatir el COVID-19. Encima, esas recomendaciones o propuestas vienen de los responsables de gobernar-dirigir un país. También existen empresas (capitalismo on fire) que se sacan trucos de la manga para desinfectar, vacunar, etc., yendo en cotnra de todas las recomendaciones sanitarias. ¡Así nos luce el pelo!

Sigo escuchando a personas argumentar y quejarse porque no se abren los bares, las discotecas, los gimnasios o porque en las tiendas de ropa siguen unas normas muy estrictas de seguridad e higiene. Pero no escucho manifestarse por un apoyo a los servicios públicos, por blindar contratos y dar un salario más que digno al personal sanitario, de la limpieza, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, personal de supermercados... Ni porque se abran, con seguridad, los parques para nuestras/os peques puedan desfogarse.

Seguimos dando soluciones de mierda para nuestra educación. Continuamos fomentando la desigualdad digital, de salarios... Seguimos aceptando la desigualdad según el color de piel, el nivel económico o el sexo...

Yo era de las personas que pensaba que esta pandemia nos iba a cambiar a todo el mundo. Que nos haría valorar nuestro entorno, ser conscientes de la necesidad de cuidarNOS y cuidar a las otras personas, al Planeta... Pero veo que me equivocaba. 
En realidad no hemos cambiado. En realidad no valoramos más las cosas, seguimos siendo egoístas. Continuamos mirando nuestro propio ombligo, sin importar cómo esté el de al lado. Seguimos siendo cortas de miras y no somos capaces de ver más allá de nuestras propias narices. 


¿De verdad que nos seguimos creyendo invencibles, inmunes a todo?

Diario de una pandemia III

En Castilla y León estamos esperando a las noticias que se tienen que producir esta tarde para saber si pasamos de fase o no. Parece que estamos esperando las notas finales de curso, pendientes de si el profesor o la profesora de turno se ha portado bien ante nuestra inseguridad por el desarrollo de los exámenes finales.
Muchas cosas se encuentran en juego. Pero lo más importante, parece ser, es la economía.

En mi opinión, creo que estamos olvidando lo verdaderamente importante: nuestra salud. Pero, junto a esto, también se nos olvida que han sido más de 2 meses sin descanso para las/os profesionales de la sanidad. 2 meses en los que hemos tenido los hospitales en "aforo completo" y por encima de sus posibilidades, en muchos casos; las farmacias sin suministros de mascarillas y geles hidroalcohólicos y muchas personas infectadas y esperando "la vez" para entrar en la UCI. Además de los supermercados como si tuviésemos que llenar el Arca de Noe y protestando porque nos toca hacer cola para entrar.

A algunas personas les interesa más poder acudir a su segunda residencia en la playa o a las tiendas de ropa de marca o a los toros, antes que tener una población prácticamente recuperada y un "bicho" medianamente controlado.
También les interesa, y les importa, más que nada en este mundo, decir qué cosas ha hecho mal un Gobierno que ha tenido que "torear" ;) o "lidiar" una res para la que ningún país en este mundo estaba preparado. Creo que lo han hecho lo mejor que han podido y, en muchos casos, les han dejado. Todo es mejorable, por supuesto. Han cometido errores, estoy segura. Pero ya me gustaría ver a más de uno y más de dos teniendo que tomar decisiones cuando tienes a otros "porculeros" tocando a la puerta insistentemente, no para dar soluciones, sino para fastidiar y decirte que todo lo haces mal y que te dejas guiar por el "populismo" o vete a saber qué ideas imbéciles.

Alguien muy importante en mi vida académica y profesional dijo hace un par de años que, en política (y en la vida misma), siempre hay que sumar, en ningún caso restar.

Pues creo que ante esta pandemia mundial (pensemos en "la gripe española" de 1918 y que se recreó, más o menos, en un capítulo de la serie El Ministerio del Tiempo) tenemos que repensar sobre nuestra forma de vida, sobre cómo nos tratamos a nivel individual y a nivel colectivo, en qué se ha convertido nuestra vida en el planeta y cómo le estamos tratando, cuáles son nuestras prioridades como personas/seres humanos y como sociedad.

Creo que primeramente tenemos que controlar este bicho (y aún nos queda, ya nos lo dicen las/os profesionales de verdad, quienes investigan, quienes saben de "bichos" y sus consecuencias) y que las personas nos encontremos bien, seguras, con posibilidades de salir adelante si nos encontramos con el "bicho" de frente. 
Si no hay personas para trabajar y consumir porque no están sanas, si la sociedad no está realmente preparada para combatirlo, si los medios existentes los usamos con otros fines, si nos pasamos las normas por el arco de la puerta,... ¿Para qué tenemos tanta prisa en abrir locales, etc.?


Quizás es una tontería lo que estoy escribiendo, pero yo lo pienso así. Si las personas están sanas, "tranquilas" dentro de una tranquilidad normalizada después de una pandemia, si hacemos las cosas como nos dicen que tenemos que hacerlas, se podrá reactivar la economía, pues habrá personas sanas que vayan a trabajar, que consuman; pero espero que lo hagan (hagamos) de una forma responsable y cuidando el medio ambiente y todo lo que nos rodea.

Ahora paseo (me ha costado salir) y veo el campo verde, flores de intensos colores, árboles con unas ramas y unas hojas inmensas, animalillos felices corriendo y volando sin nadie que moleste su existencia.

Desde mi ventana he podido contemplar, en estos 2 meses encerrada, como el árbol que tengo enfrente se ha ido llenando de hojas que han ido creciendo a su ritmo, sin prisa, sin nadie que le diga cuándo o cómo, sin molestias. Y ahora me cobija del sol y veo su color verde intenso.

De verdad considero que tenemos que reflexionar de verdad, dejar de tanta queja y arrimar el hombro, porque es nuestro beneficio particular, pero también en el colectivo.

Diario de una pandemia II

Hoy pueden comenzar a salir las/os peques, menores de 14 años, a la calle. Me acuerdo de mis sobris y me alegro por ellas, quienes son de culo inquieto y bastante bien lo han estado llevando.

Recuerdo las quejas de mi hermana por estar con dos en un piso, sin balcón ni terraza; y pienso que bastante bien están. 

Nosotras, como personas adultas, tratamos de sobrellevarlo, de gestionarlo; tenemos nuestros momentos de histeria, momentos en los que no nos aguantamos ni nosotras mismas... Pero tenemos a nuestro alcance, la mayoría de las veces, mecanismos y herramientas para tranquilizarnos y tratar de llevarlo lo mejor posible. Pero, entonces, me paro a pensar en estos seres de 5, 2 y 1 año, quienes se están formando emocional y personalmente y me pregunto qué pasará por sus cabezas.
Luego pienso en los dos jovenzuelos del piso de arriba y en cómo están aprovechando para jugar a la play, dando voces como si no hubiera mañana (ya lo hacían antes), en cómo es su relación con su padre y en cómo deben recibir a su madre cuando vuelve de trabajar en una residencia. En este caso, no creo que hayan cambiado mucho.

Algo nos tiene que hacer cambiar esto que estamos viviendo; en alguna forma nos tiene que afectar para mejorar, para no volver a cometer los mismos errores (por lo menos la inmensa mayoría de las personas, espero). Ya sabemos que algunos seres seguirán pensando que ellos son superiores y su nivel de inteligencia es más elevado que el de los demás. Pero el resto del mundo sabe que son unos solemnes "hijos de la fruta" que tienen el ego subido y que sus soluciones pasan por acciones y medidas ridículas.

¿En serio Trump pensaba que inyectando lejía se iba a solucionar todo? Pues que empiece él por ponerse una inyección de éstas. Un buen dirigente da ejemplo.

https://www.pagina12.com.ar/261854-trump-sugiere-inyectarles-desinfectante-a-los-enfermos

Seamos conscientes de que la Madre Tierra, el Universo, el Karma, los Dioses del Olimpo nos han mandado un toque de atención muy muy pero que muy fuerte para que empecemos a hacer las cosas de otra manera.

En Salamanca lleva lloviendo ya ni sé la cantidad de días. En todo este tiempo he pensado que la atmósfera está aprovechando para limpiarse, oxigenarse... Se está poniendo guapa en todos los sentidos. Y espero que cuando se acabe esta cuarentena, no nos dediquemos a tirar por la borda todo lo bueno que hemos conseguido.

A parte de ser conscientes de la necesidad de cuidar a la Madre Naturaleza, a la Madre Tierra, también tenemos que seguir reconociendo la labor de todas aquellas personas, y darle la importancia que se merece, que ahora se han estado dedicando en cuerpo y en alma a que salgamos de ésta: personal sanitario de todo tipo, personal de limpieza, personal de supermercados y tiendas, personal de las fuerzas y cuerpos de seguridad, personal de las telecomunicaciones... 
Habrá personas que aún sigan considerando que son la última pieza de la pirámide que compone la sociedad, pero tiene que haber alguien que les recuerde que, sin estas personas, la cosa podría haber ido mucho peor, que son muy valiosas, que son tremendamente necesarias.

Tampoco podemos olvidarnos de todo lo que compone la cultura y de todas las personas que lo hacen posible: autoras y autores, libreras y libreros, cuentacuentos o cuentistas, actrices y actores, producción teatral, TV y de cine, músicas y músicos, cantautores, etc. (porque se me olvida algo y alguien seguro). Sin la cultura nuestro tiempo de cuarentena se habría vuelto tedioso, nos habríamos vuelto más locas y locos, las horas no hubieran pasado. El mundo del titiritero/a es muy importante. Te hace ampliar la mente, tener otros conocimientos, disfrutar del tiempo, reflexionar, cuestionar...

Creo que no es el momento de reprochar. Quienes están ahí arriba lo han hecho lo mejor posible, con los recursos que se tenían... Creo que han tratado de sumar, a pesar de los obstáculos en el camino. 
Ahora no nos sirve de nada pensar en el pasado, tenemos que actuar en el presente para que el futuro sea mejor, un avance.

Me pone de los nervios todas aquellas personas que se consideran expertas de todo, pero en realidad lo son de nada. Dedícate a cuidarTE para cuidarNOS y deja de fastidiar.

Considero, metiéndome en un berenjenal político, que en pleno siglo XXI, tenemos una oposición que debería quedarse en su casa, sin cobrar ni un euro porque no ha hecho nada productivo en todos estos meses. 
Era el momento de arrimar el hombro, de ayudar, de colaborar, no de aprovechar para crear trols, hacer campaña política y meter mierda que luego, espero, aparezca en el felpudo de su casa. 
En mi humilde opinión, han actuado de forma rastrera, no sabiendo cuál era su sitio ni lo que tenían que hacer. 
La oposición tiene que ser constructiva, dar soluciones, medidas, tener iniciativas que sumen, nunca que resten y que obstaculicen.
Los egos y los ombligos deberían de haberse quedado guardados en el fondo de un bául, en un rincón de su casa, haberse puesto la ropa de trabajo y preguntar: ¿en qué puedo ayudar? (como dice el doctor Max Goodwin en la serie New Amsterdam). ¿Lo han hecho? 

Ya queda un día menos para que esto pase. Después, cuando podamos salir todo el mundo a la calle, con cautela, sin bajar la guardia, tenemos que seguir cuidándonos y tomando precauciones, porque la guerra aún no habrá terminado. Tocará volver a arrimar el hombro, seguir aplaudiendo, sonreír a las personas con las que nos crucemos y colaborar para que saquemos lo positivo de esto.

Diario de una pandemia

Como ha escrito Marwan en su cuenta de Twitter/Instagram: "ya podemos decir que nos han robado el mes de abril".

El meme que circula por ahí que dice que en septiembre se celebrará la Semana Santa, la Feria de Abril, el Orgullo, etc. cada vez cobra más fuerza. Tendremos que añadir otras festividades como el Día del Padre, el Día de la Madre (para quienes no lo celebren en el Puente de la Inmaculada Constitución), el día de San Jordi o el día del Libro, la Feria del Libro; junto con cumpleaños de personas que lo hayan celebrado en la soledad del "confitamiento" (como dice otro buen amigo dramaturgo y actor). 

En Salamanca, también pospondremos la celebración de El Lunes de Aguas. Ya nos juntaremos, con el buen tiempo, en el campo, al aire libre, con familia y amistades para comer juntos el hornazo; este manjar tan típicamente charro. Dejando de lado, el origen de la celebración porque lo que nos interesa es el reunirnos en torno al "comercio y el bebercio", así, sin más.

Mi aislamiento por este bicho que nos está dando un tremendo toque de atención, comenzó más tarde que el de otras personas (incluidos mi hermana, mi hermano y sus respectivas familias). Cuando todo esto explosionó, yo salía una vez al día para dirigirme al hospital y hacer de cuidadora del ser más maravilloso que ha pisado esta tierra (cada cual dirá lo mismo de su abuela o su abuelo). Pero, eso sí, cuando terminaba mi turno hospitalario, rapidito a casa.

Alguien podría pensar que es una suerte haber podido salir de casa. Puede ser. Al menos algo de calle y, al final, de campo, lograba ver al día. Respirar aire puro nunca viene mal. Pero el pasar un turno de casi 8 horas en el hospital cuidando, pasando de estar de pie a la silla o el sillón, no es precisamente entretenido. Se hace largo, eterno... A nivel psicológico y emocional, te hace trizas. También hay que añadir el estado de la persona a la que cuidas. Yo, personalmente, caía rendida en la cama cuando no tenía turno de noche. Dormía plácidamente, cosa que no me ocurre ahora, cuando llevo más de 1 mes sin salir de casa.

El aislamiento, o "confitamiento", lo paso acompañada. Ésa es la suerte. Como me dijo un amigo: tengo con quien discutir. Mi acompañante se pasa la mayor parte del tiempo encerrada en su cueva particular, nos vemos en las comidas, eso sí, aunque no siempre. Todo depende del estado de ánimo que se tenga. Ahora las risas en nuestros momentos de locura, no las cambio por nada.

El vaivén emocional es bastante curioso. Empecé con motivación: podría hacer todo aquello que siempre posponía por falta de tiempo, por dar prioridad a otras cosas, por dejadez, por... Ahora no había excusa. Menos limpiar a conciencia toda la casa (siempre he sido la "oveja negra"), cualquier cosa. Aún sigo teniendo cosas pendientes que me impide realizar el tiempo lluvioso o la falta de material (chica poco previsora de una pandemia mundial).

Pues eso, que este confinamiento lo empecé relativamente bien. Estaba ocupada. Cursos, manualidades, tareas pendientes... Pero al final, el cambio de rutina ha hecho mella. De nada sirve el ejercicio en casa (quién me lo iba a decir a mí), las risas con mi compañera de vida, las películas, las series (de ayer, de hoy y de siempre), los libros... 
Ya no duermo tan plácidamente. Lloro día sí, día también. Hay días que me paso más tiempo con los ojos encharcados en lágrimas que con ellos secos. El ver las fotos de la familia; el no sentir abrazos, besos; las conversaciones sin mascarillas de por medio; tener miedo de salir a la calle; la preocupación por la gente a la que quieres; el no tener la libertad de movimiento que tantas veces no hemos valorado...

El primer pensamiento que me vino a la mente es la cárcel. En su momento, por una actividad de voluntariado, visité la cárcel de Topas (no se vale la broma fácil). Cuando salí, dije que una y no más.
Pero pienso que estamos en nuestra cárcel particular porque no tenemos libertad para movernos, para hacer otras cosas diferentes. 
Creo que hay que plantearse la reinsercición y la reeducación. Sinceramente lo digo.

Esta pandemia mundial nos está dando la oportunidad de cambiar nuestras prioridades, de modificar hábitos que nos vienen bien a nivel individual pero, también, a nivel global. Tenemos que cuidarNOS cada persona, para CUIDAR al resto, al Planeta, a nuestro entorno. Es por nuestro propio bien y por el futuro en el que estaremos o no. Pero tenemos que pensar que realizar algunos cambios en nuestro día a día, hará que tengamos un presente mejor.

De momento, tendremos que seguir en nuestra cárcel particular un par de semanas más. Pero pienso en que mis sobris, con mucho cuidado y responsabilidad por parte de sus madres y padres, podrán salir un poco a estirar las piernas, a correr, a tomar aire puro... Porque sí, volvemos a tener un aire más limpio en las ciudades.

¿No os da qué pensar?

Seguiremos informando.

Rozalén: "Aves enjauladas"