Diario de una pandemia III

En Castilla y León estamos esperando a las noticias que se tienen que producir esta tarde para saber si pasamos de fase o no. Parece que estamos esperando las notas finales de curso, pendientes de si el profesor o la profesora de turno se ha portado bien ante nuestra inseguridad por el desarrollo de los exámenes finales.
Muchas cosas se encuentran en juego. Pero lo más importante, parece ser, es la economía.

En mi opinión, creo que estamos olvidando lo verdaderamente importante: nuestra salud. Pero, junto a esto, también se nos olvida que han sido más de 2 meses sin descanso para las/os profesionales de la sanidad. 2 meses en los que hemos tenido los hospitales en "aforo completo" y por encima de sus posibilidades, en muchos casos; las farmacias sin suministros de mascarillas y geles hidroalcohólicos y muchas personas infectadas y esperando "la vez" para entrar en la UCI. Además de los supermercados como si tuviésemos que llenar el Arca de Noe y protestando porque nos toca hacer cola para entrar.

A algunas personas les interesa más poder acudir a su segunda residencia en la playa o a las tiendas de ropa de marca o a los toros, antes que tener una población prácticamente recuperada y un "bicho" medianamente controlado.
También les interesa, y les importa, más que nada en este mundo, decir qué cosas ha hecho mal un Gobierno que ha tenido que "torear" ;) o "lidiar" una res para la que ningún país en este mundo estaba preparado. Creo que lo han hecho lo mejor que han podido y, en muchos casos, les han dejado. Todo es mejorable, por supuesto. Han cometido errores, estoy segura. Pero ya me gustaría ver a más de uno y más de dos teniendo que tomar decisiones cuando tienes a otros "porculeros" tocando a la puerta insistentemente, no para dar soluciones, sino para fastidiar y decirte que todo lo haces mal y que te dejas guiar por el "populismo" o vete a saber qué ideas imbéciles.

Alguien muy importante en mi vida académica y profesional dijo hace un par de años que, en política (y en la vida misma), siempre hay que sumar, en ningún caso restar.

Pues creo que ante esta pandemia mundial (pensemos en "la gripe española" de 1918 y que se recreó, más o menos, en un capítulo de la serie El Ministerio del Tiempo) tenemos que repensar sobre nuestra forma de vida, sobre cómo nos tratamos a nivel individual y a nivel colectivo, en qué se ha convertido nuestra vida en el planeta y cómo le estamos tratando, cuáles son nuestras prioridades como personas/seres humanos y como sociedad.

Creo que primeramente tenemos que controlar este bicho (y aún nos queda, ya nos lo dicen las/os profesionales de verdad, quienes investigan, quienes saben de "bichos" y sus consecuencias) y que las personas nos encontremos bien, seguras, con posibilidades de salir adelante si nos encontramos con el "bicho" de frente. 
Si no hay personas para trabajar y consumir porque no están sanas, si la sociedad no está realmente preparada para combatirlo, si los medios existentes los usamos con otros fines, si nos pasamos las normas por el arco de la puerta,... ¿Para qué tenemos tanta prisa en abrir locales, etc.?


Quizás es una tontería lo que estoy escribiendo, pero yo lo pienso así. Si las personas están sanas, "tranquilas" dentro de una tranquilidad normalizada después de una pandemia, si hacemos las cosas como nos dicen que tenemos que hacerlas, se podrá reactivar la economía, pues habrá personas sanas que vayan a trabajar, que consuman; pero espero que lo hagan (hagamos) de una forma responsable y cuidando el medio ambiente y todo lo que nos rodea.

Ahora paseo (me ha costado salir) y veo el campo verde, flores de intensos colores, árboles con unas ramas y unas hojas inmensas, animalillos felices corriendo y volando sin nadie que moleste su existencia.

Desde mi ventana he podido contemplar, en estos 2 meses encerrada, como el árbol que tengo enfrente se ha ido llenando de hojas que han ido creciendo a su ritmo, sin prisa, sin nadie que le diga cuándo o cómo, sin molestias. Y ahora me cobija del sol y veo su color verde intenso.

De verdad considero que tenemos que reflexionar de verdad, dejar de tanta queja y arrimar el hombro, porque es nuestro beneficio particular, pero también en el colectivo.

Diario de una pandemia II

Hoy pueden comenzar a salir las/os peques, menores de 14 años, a la calle. Me acuerdo de mis sobris y me alegro por ellas, quienes son de culo inquieto y bastante bien lo han estado llevando.

Recuerdo las quejas de mi hermana por estar con dos en un piso, sin balcón ni terraza; y pienso que bastante bien están. 

Nosotras, como personas adultas, tratamos de sobrellevarlo, de gestionarlo; tenemos nuestros momentos de histeria, momentos en los que no nos aguantamos ni nosotras mismas... Pero tenemos a nuestro alcance, la mayoría de las veces, mecanismos y herramientas para tranquilizarnos y tratar de llevarlo lo mejor posible. Pero, entonces, me paro a pensar en estos seres de 5, 2 y 1 año, quienes se están formando emocional y personalmente y me pregunto qué pasará por sus cabezas.
Luego pienso en los dos jovenzuelos del piso de arriba y en cómo están aprovechando para jugar a la play, dando voces como si no hubiera mañana (ya lo hacían antes), en cómo es su relación con su padre y en cómo deben recibir a su madre cuando vuelve de trabajar en una residencia. En este caso, no creo que hayan cambiado mucho.

Algo nos tiene que hacer cambiar esto que estamos viviendo; en alguna forma nos tiene que afectar para mejorar, para no volver a cometer los mismos errores (por lo menos la inmensa mayoría de las personas, espero). Ya sabemos que algunos seres seguirán pensando que ellos son superiores y su nivel de inteligencia es más elevado que el de los demás. Pero el resto del mundo sabe que son unos solemnes "hijos de la fruta" que tienen el ego subido y que sus soluciones pasan por acciones y medidas ridículas.

¿En serio Trump pensaba que inyectando lejía se iba a solucionar todo? Pues que empiece él por ponerse una inyección de éstas. Un buen dirigente da ejemplo.

https://www.pagina12.com.ar/261854-trump-sugiere-inyectarles-desinfectante-a-los-enfermos

Seamos conscientes de que la Madre Tierra, el Universo, el Karma, los Dioses del Olimpo nos han mandado un toque de atención muy muy pero que muy fuerte para que empecemos a hacer las cosas de otra manera.

En Salamanca lleva lloviendo ya ni sé la cantidad de días. En todo este tiempo he pensado que la atmósfera está aprovechando para limpiarse, oxigenarse... Se está poniendo guapa en todos los sentidos. Y espero que cuando se acabe esta cuarentena, no nos dediquemos a tirar por la borda todo lo bueno que hemos conseguido.

A parte de ser conscientes de la necesidad de cuidar a la Madre Naturaleza, a la Madre Tierra, también tenemos que seguir reconociendo la labor de todas aquellas personas, y darle la importancia que se merece, que ahora se han estado dedicando en cuerpo y en alma a que salgamos de ésta: personal sanitario de todo tipo, personal de limpieza, personal de supermercados y tiendas, personal de las fuerzas y cuerpos de seguridad, personal de las telecomunicaciones... 
Habrá personas que aún sigan considerando que son la última pieza de la pirámide que compone la sociedad, pero tiene que haber alguien que les recuerde que, sin estas personas, la cosa podría haber ido mucho peor, que son muy valiosas, que son tremendamente necesarias.

Tampoco podemos olvidarnos de todo lo que compone la cultura y de todas las personas que lo hacen posible: autoras y autores, libreras y libreros, cuentacuentos o cuentistas, actrices y actores, producción teatral, TV y de cine, músicas y músicos, cantautores, etc. (porque se me olvida algo y alguien seguro). Sin la cultura nuestro tiempo de cuarentena se habría vuelto tedioso, nos habríamos vuelto más locas y locos, las horas no hubieran pasado. El mundo del titiritero/a es muy importante. Te hace ampliar la mente, tener otros conocimientos, disfrutar del tiempo, reflexionar, cuestionar...

Creo que no es el momento de reprochar. Quienes están ahí arriba lo han hecho lo mejor posible, con los recursos que se tenían... Creo que han tratado de sumar, a pesar de los obstáculos en el camino. 
Ahora no nos sirve de nada pensar en el pasado, tenemos que actuar en el presente para que el futuro sea mejor, un avance.

Me pone de los nervios todas aquellas personas que se consideran expertas de todo, pero en realidad lo son de nada. Dedícate a cuidarTE para cuidarNOS y deja de fastidiar.

Considero, metiéndome en un berenjenal político, que en pleno siglo XXI, tenemos una oposición que debería quedarse en su casa, sin cobrar ni un euro porque no ha hecho nada productivo en todos estos meses. 
Era el momento de arrimar el hombro, de ayudar, de colaborar, no de aprovechar para crear trols, hacer campaña política y meter mierda que luego, espero, aparezca en el felpudo de su casa. 
En mi humilde opinión, han actuado de forma rastrera, no sabiendo cuál era su sitio ni lo que tenían que hacer. 
La oposición tiene que ser constructiva, dar soluciones, medidas, tener iniciativas que sumen, nunca que resten y que obstaculicen.
Los egos y los ombligos deberían de haberse quedado guardados en el fondo de un bául, en un rincón de su casa, haberse puesto la ropa de trabajo y preguntar: ¿en qué puedo ayudar? (como dice el doctor Max Goodwin en la serie New Amsterdam). ¿Lo han hecho? 

Ya queda un día menos para que esto pase. Después, cuando podamos salir todo el mundo a la calle, con cautela, sin bajar la guardia, tenemos que seguir cuidándonos y tomando precauciones, porque la guerra aún no habrá terminado. Tocará volver a arrimar el hombro, seguir aplaudiendo, sonreír a las personas con las que nos crucemos y colaborar para que saquemos lo positivo de esto.

Diario de una pandemia

Como ha escrito Marwan en su cuenta de Twitter/Instagram: "ya podemos decir que nos han robado el mes de abril".

El meme que circula por ahí que dice que en septiembre se celebrará la Semana Santa, la Feria de Abril, el Orgullo, etc. cada vez cobra más fuerza. Tendremos que añadir otras festividades como el Día del Padre, el Día de la Madre (para quienes no lo celebren en el Puente de la Inmaculada Constitución), el día de San Jordi o el día del Libro, la Feria del Libro; junto con cumpleaños de personas que lo hayan celebrado en la soledad del "confitamiento" (como dice otro buen amigo dramaturgo y actor). 

En Salamanca, también pospondremos la celebración de El Lunes de Aguas. Ya nos juntaremos, con el buen tiempo, en el campo, al aire libre, con familia y amistades para comer juntos el hornazo; este manjar tan típicamente charro. Dejando de lado, el origen de la celebración porque lo que nos interesa es el reunirnos en torno al "comercio y el bebercio", así, sin más.

Mi aislamiento por este bicho que nos está dando un tremendo toque de atención, comenzó más tarde que el de otras personas (incluidos mi hermana, mi hermano y sus respectivas familias). Cuando todo esto explosionó, yo salía una vez al día para dirigirme al hospital y hacer de cuidadora del ser más maravilloso que ha pisado esta tierra (cada cual dirá lo mismo de su abuela o su abuelo). Pero, eso sí, cuando terminaba mi turno hospitalario, rapidito a casa.

Alguien podría pensar que es una suerte haber podido salir de casa. Puede ser. Al menos algo de calle y, al final, de campo, lograba ver al día. Respirar aire puro nunca viene mal. Pero el pasar un turno de casi 8 horas en el hospital cuidando, pasando de estar de pie a la silla o el sillón, no es precisamente entretenido. Se hace largo, eterno... A nivel psicológico y emocional, te hace trizas. También hay que añadir el estado de la persona a la que cuidas. Yo, personalmente, caía rendida en la cama cuando no tenía turno de noche. Dormía plácidamente, cosa que no me ocurre ahora, cuando llevo más de 1 mes sin salir de casa.

El aislamiento, o "confitamiento", lo paso acompañada. Ésa es la suerte. Como me dijo un amigo: tengo con quien discutir. Mi acompañante se pasa la mayor parte del tiempo encerrada en su cueva particular, nos vemos en las comidas, eso sí, aunque no siempre. Todo depende del estado de ánimo que se tenga. Ahora las risas en nuestros momentos de locura, no las cambio por nada.

El vaivén emocional es bastante curioso. Empecé con motivación: podría hacer todo aquello que siempre posponía por falta de tiempo, por dar prioridad a otras cosas, por dejadez, por... Ahora no había excusa. Menos limpiar a conciencia toda la casa (siempre he sido la "oveja negra"), cualquier cosa. Aún sigo teniendo cosas pendientes que me impide realizar el tiempo lluvioso o la falta de material (chica poco previsora de una pandemia mundial).

Pues eso, que este confinamiento lo empecé relativamente bien. Estaba ocupada. Cursos, manualidades, tareas pendientes... Pero al final, el cambio de rutina ha hecho mella. De nada sirve el ejercicio en casa (quién me lo iba a decir a mí), las risas con mi compañera de vida, las películas, las series (de ayer, de hoy y de siempre), los libros... 
Ya no duermo tan plácidamente. Lloro día sí, día también. Hay días que me paso más tiempo con los ojos encharcados en lágrimas que con ellos secos. El ver las fotos de la familia; el no sentir abrazos, besos; las conversaciones sin mascarillas de por medio; tener miedo de salir a la calle; la preocupación por la gente a la que quieres; el no tener la libertad de movimiento que tantas veces no hemos valorado...

El primer pensamiento que me vino a la mente es la cárcel. En su momento, por una actividad de voluntariado, visité la cárcel de Topas (no se vale la broma fácil). Cuando salí, dije que una y no más.
Pero pienso que estamos en nuestra cárcel particular porque no tenemos libertad para movernos, para hacer otras cosas diferentes. 
Creo que hay que plantearse la reinsercición y la reeducación. Sinceramente lo digo.

Esta pandemia mundial nos está dando la oportunidad de cambiar nuestras prioridades, de modificar hábitos que nos vienen bien a nivel individual pero, también, a nivel global. Tenemos que cuidarNOS cada persona, para CUIDAR al resto, al Planeta, a nuestro entorno. Es por nuestro propio bien y por el futuro en el que estaremos o no. Pero tenemos que pensar que realizar algunos cambios en nuestro día a día, hará que tengamos un presente mejor.

De momento, tendremos que seguir en nuestra cárcel particular un par de semanas más. Pero pienso en que mis sobris, con mucho cuidado y responsabilidad por parte de sus madres y padres, podrán salir un poco a estirar las piernas, a correr, a tomar aire puro... Porque sí, volvemos a tener un aire más limpio en las ciudades.

¿No os da qué pensar?

Seguiremos informando.

Rozalén: "Aves enjauladas"



Balance Covid-19


Domingo de Resurrección. Domingo de fin de la Semana Santa. Una Semana Santa bastante atípica, pero no por el tiempo, que, por supuesto, se ha mantenido firme a la tradición de los últimos años, lloviendo de forma intermitente y de una forma más o menos intensa (por lo menos en Salamanca).

No sé cuántos días llevo de "confitamiento" voluntario-obligatorio, creo que son 27.
Ha sido una semana en la que he estado llorona, lo justo, sin pasarme. Pero ya empieza a hacer mella en mí los días sin salir, sin compartir momentos con la gente, con mi familia, con mis amistades... Hasta pospongo el salir a bajar la basura.

Ha sido una semana con bastantes cosas positivas, no lo voy a negar. 
Lunes. Maldito día porque es el comienzo de la semana laboral y el fin de los días de descanso. Pero este lunes llegó con la publicación de una entrevista que me hizo Nuria Coronado Sopeña por la publicación de mi libro "Revictimizadas: migrantes y víctimas de violencia de género". Un artículo que tenía que haber visto la luz el mes pasado pero que, por circunstancias del momento, se tuvo que posponer.


Fue una entrevista en la distancia, pero nada que la tecnología no pudiera subsanar. 

Nuria, a parte de mi entrevistadora y magnífica periodista, ha sido mi editora. Gracias a ella mi libro ha salido a la luz. Ella me aconsejó qué debía estar incluido, qué se podía mejorar, cómo contarlo. Pero tuvo en cuenta mis opiniones y mis deseos.
He tardado 2 años en hacer realidad un sueño. Pero ya es de papel y tinta.

Su venta (bueno, más bien la publicidad por mi parte) está paralizada con esto del COVID-19. Este mes tenía cerradas dos presentaciones: una en mi tierra (creo que la voy a posponer) y otra con mi "familia" madrileña de la que he aprendido tanto y con la que he compartido más: Generando Igualdad, la cual, obviamente, ha quedado pospuesta hasta nuevo aviso (o mejor dicho, nueva fecha).

Pendiente de poner fecha quedan presentaciones en Béjar, Zaragoza, Peñaranda de Bracamonte y en alguna librería en Madrid. En mi mente, más ciudades que visitar con mi libro bajo el brazo.

Los puntos de venta en Salamanca son:
  • Librería Castilla, en Avenida de Portugal
  • Santos Ochoa en Gran Vía
También se puede adquirir en la editorial Lo que no existe y en las plataformas digitales literarias. En Amazon se puede comprar tanto en formato papel como en ebook.


Cuando el "confitamiento" haya pasado, volveré a ser pesada con el libro, con la publicidad y con las presentaciones en diferentes lugares.

Creo que es un libro que nos aproxima al mundo de la violencia de género, haciendo hincapié en un ámbito oculto: la migración. Todo él está escrito con humildad y respeto, teniendo en cuenta la interseccionalidad, que tan necesaria es, y la perspectiva feminista y de género.

Con el subidón de salir en la portada de un diario digital nacional, de la mano de una gran periodista feminista (y escritora). Con el ego subido y una sonrisa tonta constante dibujada en mi cara, llegó la siguiente noticia.

El jueves se publicó mi primera narración sonora de un cuento. 

Siempre he sido, ya lo he transmitido, una ferviente lectora. Ahora que  he estado haciendo inventario de los libros que tengo en mi casa, me he dado cuenta que, en mi niñez y adolescencia, tenía libros fetiches que he leído y leído cientos de veces. También me he dado cuenta que tengo libros sin terminar de leer y que se merecen una segunda oportunidad. De este año no pasa. 

La Cuentería respetuosa llegó a mi vida de la mano de mi prima Laura. Es un lugar maravilloso donde puedes encontrar álbumes ilustrados sublimes y magníficos. Su impulsora es Laura Richichi. Un alma lectora, respetuosa, maravillosa con un corazón inmenso.

De su mano ha llegado radiocuento.com una idea que, según ella misma me contó, llevaba rondando su cabeza, y la de su marido, desde hacía tiempo, pero no se animaban a darle forma y hacerla realidad. Ha tenido que llegar una pandemia mundial para que llegue a nuestras vidas.

La narración siempre me ha gustado. Me considero una cuentera o cuentista. Los libros infantiles (y no tan infantiles) me acompañan en mi vida, en mis talleres, en mis charlas, en mi Pandilla Chancleta. Así que ofrecer mi voz para que los cuentos que me encantan lleguen a más niñas y niños no me resultó complicado.

Este jueves mi "sueño" se materializó y se publicó mi contada: Érase dos veces, Los tres cerditos; de la editorial Cuatro Tuercas. Uno de los libros que forman parte de la colección Érase dos veces y que dan una vuelta a los cuentos tradicionales, desechando los estereotipos y roles de género y la discriminación. Una nueva versión, que nada tiene que enviar a la antigua y tradicional.

La verdad es que, a pesar de la emoción de escucharme, se me hizo raro. Nunca se acostumbra una a oírse desde fuera. 

El fin de semana está teniendo sus cosas, sus momentos. Pero queda un día menos. No quiero olvidarlo. 

Mañana es lunes. Me da en la nariz, como a la bruja de la serie Embrujada, que comenzaré otra semana en la que podré encontrar y recordar (el día de mañana) momentos inolvidables y maravillosos.

Quiero seguir soñando... Y ya sabéis: la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Harry Potter y el COVID-19

En este aislamiento voluntario-obligatorio se ha establecido una norma no escrita en mi casa: película a la hora de la comida y serie a la hora de la cena. Es el único momento en el que encendemos la TV.

Sin una proposición clara, surgió la idea de ver toda la saga de Harry Potter, de la cual yo soy fan fan (de hecho hoy iniciaré la lectura, de nuevo, de los libros). Una película por día. Esto nos lleva a 7 mediodías-tardes con 2 horas largas ocupadas. 
Todo ello es más ameno, y lo ves desde otro punto de vista, si compartes casa con una estudiante de arte dramático, quien te desgrana las secuencias, la caracterización, la actuación,... Lo dicho, otro punto de vista totalmente distinto. (He creado un monstruo interpretativo y de análisis cinematográfico).


Y, claro, os preguntaréis: ¿Qué tiene que ver Harry Potter con la pandemia mundial que estamos viviendo?

Desde hace bastante tiempo, quizás desde que empecé con el estudio de la violencia de género y violencia sexual, todo lo miro con las gafas moradas, con perspectiva de género y feminista.

En estos días, viendo las películas me he dado cuenta que aunque sea Harry el protagonista de esta saga, de hecho los libros llevan su nombre, en realidad es un protagonismo compartido.

El chiquillo se empeña en auto-inmolarse continuamente, en hacer las cosas él solo para no dañar al resto, o si se provoca un daño, que sea el menor posible. Pero de lo que no se da cuenta, y creo que es uno de los mensajes que se transmiten en los libros-películas, es que las cosas acompañadas tienen mejor resultado, se llevan mejor y se hacen más rápido. Ya lo dice el refrán: "4 ojos ven más que 2".

Todas las personas unidas, con un único objetivo, lo conseguirán más rápidamente y tendrán mejores resultados que si se empeñan en hacerlo individualmente.

¿Qué sucede con el COVID-19?

Se trata de una llamada de atención a la población mundial. 

Pachamama nos está dando un toque de atención, perdonadme la expresión poco feminista, "cojonudo". Nos está devolviendo todo el mal que, como población, hemos ocasionado a Gaia durante tanto tiempo: hambruna, armas nucleares, guerras, cambio climático... Nos ha dado un tortazo a mano abierta para que nos pongamos las pilas y actuemos de forma conjunta, que nos lo tomemos en serio. Nos ha pillado por sorpresa y, estos países del Primer Mundo, tan inteligentes ellos, tan altivos se han dado de bruces con la realidad: no estaban preparados para este revés.

Han tardado, quizás, en reaccionar, pero lo han hecho y nos han pedido, únicamente, una cosa: #quédateencasa; como acto de solidaridad y apoyo a toda la humanidad. 

Nos creemos auto-inmunes, que no va con nosotros/as, pero sí va. Y nos damos cuenta que de forma individual no lo conseguiremos.

Empezamos a ser conscientes que, las medidas tomadas con anterioridad, aquellas que han atentado contra el Estado de Bienestar en el que vivíamos, nos pasan factura.

El COVID-19 nos está demostrando que quien realmente tiene la sartén por el mango para acabar con esto, es a quienes menos valor le han dado, a quienes más han vapuleado. La base de la pirámide es quien más importa y quien se está deslomando para cuidarnos, para protegernos y para sacarnos de ésta.

Quien tiene que demostrar que sabe organizar y coordinar, tiene que lidiar con aquellas personas que aprovechan la menor ocasión para tirar piedras contra su propio tejado, que se tienen que poner en manos de quienes han sido despreciadas/os por ellos/as. 

Paradojas de la vida.

Harry Potter podemos pensar que se sacrificó para matar a Voldemort (spoiler para quien no haya visto las películas), que lo hizo él solito, pues era su destino. Pero si observamos con detenimiento, al final fue a un "secundario" (Neville Longbottom) a quien se le apareció la espada de Gryffindor, con la que pudo acabar con el avatar del malo malísimo de Voldemort.

Lord Voldemort tenía un séquito de seguidores/as, no por respeto y por creencia ciega en sus propósitos, sino, en su mayoría, por miedo a las represalias. No olvidemos que era el mago más poderoso de la Tierra (o eso creía él).

Al final, ¿cómo se acabó con él? Fue un trabajo arduo, difícil y que causó varias bajas y muchos destrozos. Pero fue un trabajo en equipo unido bajo la varita de "el Elegido", pero en equipo. No lo olvidemos.

Esto es lo que nos tiene que quedar claro en esta lucha real que estamos viviendo ahora: si no trabajamos en equipo, si no dejamos de mirarnos el ombligo, si no seguimos las indicaciones legales y auténticas de quienes de saben, tardaremos mucho en acabar con este virus que ha venido para llamarnos la atención y para que cambiemos el modo de hacer las cosas.

Que las salidas al balcón o ventana a las 20.00 para aplaudir y agradecer la labor de tantas y tantas personas que están poniendo en riesgo su vida no caigan en el olvido cuando todo esto acabe. Porque acabará. Retomaremos nuestra vida con "normalidad", volveremos a nuestros quehaceres. Pero no podemos olvidar estas semanas de aislamiento, no podemos olvidar el miedo, el corazón encogido, el alma desgarrada al leer y escuchar historias de personas que han sufrido la peor parte, de quienes nos han cuidado y han mantenido las calles, los hospitales limpios, de quienes han velado por nuestra seguridad y porque se cumplan las normas en este estado de alarma...

No olvidemos las palabras de Eduardo Galeano: mucha gente pequeña, en lugares pequeño, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo. 

No seamos personas altivas que miran por encima del hombro, porque no sabes de quién puedes necesitar ayuda, colaboración. 

Valoremos las caricias, los abrazos, los besos, los versos, las conversaciones de tú a tú, las miradas... de todas aquellas personas que comparten nuestro día a día. Valoremos lo que realmente tenemos que valorar. 


Cuidemos a Pachamama. Cuidémonos.


#Yomequedoencasa

Lo que está sucediendo en el mundo, en España, pasará a los anales de la historia (a lo mejor mi amigo Ángel, historiador, me lo rebate).
Que yo recuerde, nunca habíamos vivido algo así. Salvo en el caso de la llamada “gripe española” (nos lo ha recordado en Instagram la cuenta de la serie “El Ministerio del Tiempo”).
Parece que nos cuesta ser conscientes de la gravedad de la situación o, más bien, quiero pensar, de la necesidad de actos de prevención para que no se convierta en algo que se lleve por delante a más personas de las que ya no están con nosotras/os en el mundo.
Hay que tomar medidas preventivas para no lamentar consecuencias mayores.
Ojalá yo pudiera quedarme en casa con mi hija. Ojalá pudiera aburrirme de leer, de ver series o películas. Ojalá pudiera dedicarme a las decenas de manualidades que inundan mi mente o ponerme a practicar durante más tiempo el ganchillo, que me he propuesto aprender en este 2020.
Pero no puedo quedarme. Tengo que cuidar. Tengo que caminar hasta el hospital para pasar el tiempo, en turnos, como si fuera una sanitaria más, cuidando a mi abuela, quien ha decidido, sin saberlo, ponerse, de nuevo, enferma, justo antes del cataclismo de este virus “guasón” que está poniendo el mundo, a la Tierra, patas arriba.

He leído en alguna red social, o en todas, un texto que viene a decir, en resumen, que la Tierra nos está dando, lo que nosotras/os le hemos dado durante estos años. La hemos maltratado sin tener en cuenta las consecuencias, y ahora se está vengando. Una venganza cruel, pero venganza al fin y al cabo. Una gran llamada de atención para que ahora cuidemos y nos cuidemos más. Para que valoremos lo que nos rodea. Para que no miremos por encima del hombro a quienes pensamos que tienen un trabajo de “peor categoría” que el nuestro.

Ahora, en estos 15 días de aislamiento, nos estamos dando cuenta de la importancia de los abrazos, los besos, las caricias, los apretamos de manos… que no estamos dando por precaución.
En este aislamiento no nos queda más remedio que cuidarnos y cuidar, que pasar tiempo con nuestra familia, hablar, comunicarnos. Tenemos que tirar de imaginación para que este confinamiento no nos vuelva locas/os, para que nuestra paciencia no nos abandone. Hay que ser personas creativas, dedicarnos al deporte en casa sacando las mancuernas que teníamos olvidadas o seguir a nuestra instructora de yoga que ha decidido hacer quedada online para guiarnos con las asanas. También podemos hacer quedadas virtuales para saber cómo está la familia o cenar nuestro grupo de amistades juntas alrededor de Skype.
Venga, imaginemos. Hagamos todo lo que hemos pospuesto y podemos hacer sin salir de casa. Pensemos en el bien individual que también es el bien común.

#Yomequedoencasa